Cumplimiento de compromisos globales tras cumbre de París

Fecha Publicación: 19/12/2015

No podía ser de otra manera, los líderes mundiales salen de su última reunión del más alto nivel para encontrar solución al problema más urgente y transversal que se pueda concebir, la condición de la nave espacial en la cual viajan todos los seres humanos. 

Se puede observar que casi todos ellos han salido de esas largas y acaloradas discusiones expresando satisfacción, no es un resultado banal, después de muchos intentos hubo algo así como un acuerdo para cambiar el rumbo y transformar el funcionamiento planetario para que este opere con baja producción de carbono.

Se espera que las medidas se apliquen el próximo año, o sea, casi ahora mismo. Por si pareciera demasiado pronto para quienes han estado ocupados en otros problemas más vecinos, la urgencia se explica porque la producción masiva de carbono se ha asociado con bastante fuerza al llamado efecto invernadero, o sea, una suerte de gran cúpula que cubre la atmósfera, alterando las condiciones climáticas, con resultado de calentamiento global con secuela de sequías, inundaciones e incendios, entre otros fenómenos.

El problema en cuestión, no importa lo grave que sea, no tendría el impacto que tiene, sino fuera porque está afectando gravemente a las grandes potencias, que ante la evidencia se han sentado a conversar, en vez de hacer declaraciones, en el modo tradicional, desconociendo el origen de la situación.

En términos concretos, con algún grado de soberbia, se acordó- alguien debe tener una sonrisa de sabia ironía- que el aumento de la temperatura global se mantendrá controlado por debajo de los dos grados Celsius promedio, aunque hubo consenso en esforzarse por lograr un máximo de 1,5°. Como punto adicional se estableció una contribución mundial de 100.000 millones de dólares anuales para ayudar a aquellas naciones más vulnerables al cambio climático.

Dicho acuerdo es jurídicamente vinculante, impone una obligación a quienes lo suscriben, pero no todos los puntos en el pacto tienen igual carácter, cautamente algunos países dejaron algunos hechos sin sanción, como las metas de reducción de gases de efecto invernadero, que quedan más en un "deberían lograrse", que en un unívoco, "debe". 

Otras excepciones, que no debieron quedar como tales, son dos actores que contribuyen claramente en la producción de gases inductores de efecto invernadero; la aviación y el transporte marítimo. Aun así, algo es algo, aunque sea necesario un control muy severo del cumplimiento de los compromisos, tentadoramente vulnerables ante la presión de un mundo competitivo, en época de vacas flacas.

Con todo, el acuerdo de París es un punto de inflexión en el que las naciones del mundo se unieron para actuar contra los nocivos efectos del calentamiento global, una señal imperiosa de la necesidad de usar energías limpias, del cuidado del planeta y la perseverancia en buscar medios y mecanismos de innovación y desarrollo sostenible.

Los efectos del cambio climático sobre los seres humanos pueden ser interpretados confusamente, desde sobreestimación a negación, según intereses particulares, pero en el mundo animal hay consecuencias más claras, descritas como la "defaunación del Antropoceno", la desaparición de especies en este período de la historia de la Tierra, por cambios dramáticos en los ecosistemas.

No es posible considerar que este asunto sea algo insignificante que ocurrió en París, distante y ajeno.
 


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