Pecatas Meas

Fecha Publicación: 19/12/2015

Durante la colonia, las buenas velas venían de la Madre Patria, cuando había huelga de galeones, había escasez de velas, y se abría una brecha para el mercado negro, en el cual las velas eran ofertadas a precios alcanzables y en momentos oportunos, sin que nadie hiciera preguntas incómodas o pidiera conocer el origen fabril o autorización para producirlas. Es probable que entre los ofertantes de velas de esos tiempos hubiera habido algún sacristán, o que en plena escasez, la casa de alguno de ellos luciera muy iluminada, por lo que se podía inferir que esas luminarias provenían de los almacenes de la iglesia.

De ahí vendría el dicho popular que reza: "sacristán que tiene velas sin tener cerería, de donde pecatas meas, si no es de la sacristía". Así habría sido entonces, como lo es también ahora, una metáfora utilizada para expresar un desbalance innegable entre los ingresos de un funcionario público y su ritmo de vida, para ironizar sobre el acelerado crecimiento patrimonial de algún personaje, en razón al tiempo de su participación en un cargo público. 

La pregunta que se hace hoy la ciudadanía es ¿de dónde sacan tanta plata los candidatos para sus campañas, si no es de alguna sacristía? ¿Y quién es el sacristán o cuál es la sacristía? Lo que es evidente es que la actividad política necesita plata y, obviamente, solo puede provenir de los que la tienen.

Como todos los misterios, este en particular empieza a perder su ocultamiento, apoyar económicamente un proyecto puede estar perfectamente bien, siempre que sea sobre la mesa, a plena luz de día, velas de origen conocido para iluminar este sospechoso asunto.

PROCOPIO


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