Que la ética vuelva a estar de moda

Fecha Publicación: 18/12/2015

Estamos en el mundo de la imagen, se puede ser cualquier cosa, siempre que se vea bien, hacer de todo, mientras no nos sorprendan. Puede haber excepciones, pero para la mayoría, la pinta no es lo de menos, sino lo que más importa.

En este contexto, con transitorios y por supuesto breves interludios de sobriedad, el maquillaje no pierde ni fuerza ni amplitud, la riqueza de la paleta, como llaman los pintores, y la cantidad de usuarios, no hace otra cosa que aumentar, hasta hacer de la industria de la cosmética, un sector de la economía casi tan importante como la industria bélica, a la cual en cierto modo se asimila. 

Hacer el amor y no la guerra, aunque todos los recursos de embellecimiento pueden ser en realidad poderosas armas de destrucción masiva de eventuales competidoras o rivales. Teniendo a la vista notables buenos resultados, la cosmética ha ingresado irreversiblemente al mundo de los varones, ante la convicción que aquello del feo, hediondo y peludo, era improbablemente cierto en tiempos de los Neanderthal, pero inaceptable ahora, con los cánones de presentación personal harto más estrictos, algunos, sin remedio, se resignan a quedar fuera de la supercarretera de los más lindos, obligados a esforzarse mucho más si quieren llegar a alguna parte.

En cuanto al llamado embellecimiento interior, nadie parece estar al tanto, si alguna vez estuvo vigente, ahora resulta poco menos que exótico. La esperanza de los que todavía confían en lo rescatable de la especie es que se ha abusado demasiado, se ha perdido demasiada vergüenza y en una de estas, bienes intangibles, como la decencia, se podrían poner de moda.



PROCOPIO


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