La relativa paz y los lobos sueltos

Fecha Publicación: 13/12/2015

La guerra y la evidencia de que el hombre es peor que un lobo para el hombre, homo homini lupus, hace rato que dejó de ser un concepto abstracto. Con los nuevos medios esta esencial brutalidad es cotidianamente evidente, pero la alerta general se desató en los años de la guerra de Vietnam; una niña desnuda y quemada por las bombas incendiarias de USA, que camina con los brazos abiertos hacia un fotógrafo, quien a base de voluntad indeclinable consigue que la traten y eventualmente sobreviva.

El fotógrafo, Nick Ut, recibió el Premio Pulitzer, la niña es hoy una mujer mayor, que vive en Canadá y dedica su vida y sus esfuerzos desde la Unesco en ayudar a los niños víctimas de las guerras.

Cuando se pasea por alguno de nuestros parques, un fin de semana cualquiera, y están llenos de niños jugando y adultos que les cuidan a cierta distancia, se ve a grupos de personas de todas las edades sentados en los prados, cuando el tiempo lo permite. Resulta difícil de creer que en muchos lugares del mundo, en este mismo momento, un cuadro así sea imposible de imaginar, la crónica ausencia de paz, que en cada minuto haya centenares o miles de niños en riesgo, de ser alcanzados por proyectiles, de ser secuestrados y explotados.

Tampoco resulta fácil creer que aquí mismo, en medio de esa pintura idílica, haya lobos sueltos esperando una oportunidad y arruinar para siempre la vida de un niño. Para estar alerta, para sorprender a estas fieras, no es necesario bombardeos de napalm ni guerra declarada. No es posible bajar los brazos, los niños siguen siendo vulnerables y nosotros seguimos estando a cargo. 


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