Regiones y país a la espera de decisiones

Fecha Publicación: 16/8/2015

Se levantan nuevamente las voces de los regionalistas, especialmente aquellos que están convencidos que mediante el sencillo expediente de ser una nueva región, orgullosamente independiente, con todas las potencialidades a su cargo, los problemas desaparecen. Se observa con acritud que la descentralización está presente en los discursos, pero tibia en la puesta en marcha, que hay indicaciones decididas y robustas, que de pronto desaparecen o bajan considerablemente los decibeles hasta llegar a límites imperceptibles.

Sin embargo, región o no, el territorio nacional en su conjunto se encuentra bajo la misma sombra, aquella de esperar que será lo que finalmente va a suceder con tanta cosa pendiente. Situación de espera que desde el punto de vista del desarrollo es altamente inconveniente, ya que se trata de una espera con los brazos cruzados, la mayoría de las veces, o con movimientos lentos y desconfiados para no perder de vista el próximo acontecer, o por lo menos, para no perder la oportunidad de reaccionar frente a un ambiente de cambios súbitos y no pocas veces sorprendentes.

En el fondo, es muy posible que en estas condiciones no valga la pena enfatizar sobre la regionalización, ya que hay otros asuntos pendientes cuyo desarrollo impacta fuertemente las capacidades y competencias regionales, para dar un ejemplo potencial; desmunicipalización que contempla la supervisión y coordinación por actores regionales, pero con una gran cabeza decisiva en el lugar de siempre, la capital de la República, aunque como casi todo lo que sucede, está por verse.

Por lo tanto sería deseable tener información sostenible, realidades concretas, en oposición a realidades mutantes y en perpetua evolución. Tener por fin una idea clara del rumbo, salir al paso de la desalentada opinión de muchos, en el sentido de la permanencia de las incertidumbres. Es cada vez más perentorio, saber a qué atenerse, cuando los ideales encuentren un punto de equilibrio con la factibilidad, con la gradualidad que muchas mentes serenas han descrito como indispensable.

Esta situación tiene, por mucho que aterricen los sueños más queridos, un referente: la economía, que mientras más sólida más fácil es llevarlos a buen término y mientras más frágil más fácil es que permanezcan al nivel onírico. Como esta última circunstancia resulta para algunos insoportable, se tiene la tendencia a forzar los hechos y declararlos ejecutables, con un soporte lábil que suele desaparecer en el futuro mediato, para obligar a deshacer los sueños y aterrizar dolorosamente en la realidad, que sigue allí, esperando, a la griega.

El tema de consensuar, o graduar, las reformas debe ser el pan de cada día en las reuniones de las autoridades de gobierno, pero los resultados de tales reflexiones no dan como resultado lo que la lógica parece sugerir y hay declaraciones doctrinarias y autoritarias. Para el ciudadano común, las señales que perciben los gobernantes para insistir en sus propuestas, como se ha decidido que sean, no son audibles, tal y como las voces de los diferentes colectivos no son oídas, la evolución de una nueva e intranquilizadora forma de sociedad entre gobernantes y gobernados.

En ese marco, la prioridad del proceso de desregionalización es discutible, son estos otros y previos asuntos del conjunto de la nación los que merecen atención individida, para tener un piso conocido sobre el cual se pueda reordenar el territorio.


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