Cómo cambiar y no morir en el intento

Fecha Publicación: 9/12/2015

Crecer o cambiar, adaptarse a los cambios del entorno o a los cambios que ocurren en el interior de cada uno de nosotros, es un ejercicio interminable e inevitable. De lo contrario, quedamos fuera de las autopistas del mundo, en algún caminito polvoriento y olvidado. 

En condiciones de cansancio o desesperanza, esta última posibilidad, quedar a la vera del camino mirando pasivamente y fuera del juego como todos los demás se apresuran, no parece tan mala idea. Pero es mayoritariamente irreal, o al menos egoísta, ya que estar así, es apto sólo para solitarios, sin vínculo o relación con nadie. Huérfanos de padre y madre, sin perro que les ladre. Inusual.

En la actual encrucijada, las nuevas generaciones deben resolver su propio futuro dando con la respuesta adecuada a los problemas de hoy, los de una cultura de masas de volumen apabullante, con ambiente de urgencia. 

Se necesitan respuestas ante la preocupación acuciante de una juventud que ha mostrado indignación de forma clara y que necesita un marco de referencia basado en reflexiones de gran calado, no de asuntos livianos de fácil despacho, sino de pensamientos profundos y auténticos, que se hagan cargo de la substancia de la insatisfacción o de los verdaderos temas actuantes que llevan a la pérdida de la fe, de la confianza o de los buenos y burgueses modos.

Aunque sería cómodo acusarles de indiferencia, lo cierto es que la juventud anda en busca de referentes y los que se han ofrecido no son, por lo general, merecedores de aplauso. Es parte del esfuerzo colectivo de higienización del país, el mostrar conductas dignas de ser emuladas, ya que de las otras hay demasiada abundancia.
 


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