El poder de la palabra y el regreso al imperio de la decencia política

Fecha Publicación: 8/12/2015

Habrá que confesar que gran parte de las personas, por diversos motivos, unos válidos y otros no tanto, han dejado de leer y, en el proceso, olvidan palabras o les pierden el respeto.

Un ejemplo podría ser austeridad, muy a propósito de lo que sería consecuente hacer en tiempos de dificultad.

Austeridad hace referencia a sencillez y moderación, y también significa el acatamiento riguroso de las normas morales por parte de los individuos. La palabra austeridad proviene del latín "austeritas", conformado por dos términos: "austerus" que significa "difícil o áspero" y el sufijo "itas" que expresa "cualidad". Allí radica su importancia, el aceptar la calidad de áspero y arduo, para lo cual se requiere capacidad de renuncia y una dosis sustantiva de valor moral.

El antónimo de austeridad es despilfarro. Es por ello que la austeridad es una virtud, que permite controlar la tentación de vivir por sobre los medios, gastar más de lo que se tiene, o adeudarse, una forma que en el Estado significa dejar otro a cargo, en algún punto del futuro, o peor aún, recuperarlo con sacrificios de los que menos tienen. 

Otro par de palabras aparentemente olvidadas, son la prudencia y la decencia, dos condiciones indispensables para la convivencia sana y que permiten que la democracia construya mecanismos que realmente les den sentido de pertenencia a los ciudadanos respecto a la realidad en la que viven.

Una clase política prudente y decente solo puede forjarse si el órgano legislativo asume, colectivamente, la responsabilidad que le corresponde en la creación de políticas nacionales, un órgano legislativo entendido como una institución colectiva y deliberativa que funcione como un control cooperativo con el poder Ejecutivo.

En términos concretos, estas cualidades, cuando están faltantes, explican por qué no hay rubores de los políticos para viajar incansablemente, con todos los gastos pagos y dietas para no pasar apuros, con escusas endebles, a actividades que no tienen impacto alguno. Explica que se tenga el descaro de, más encima, pedir rebajas significativas en pasaportes, carísimos para el ciudadano común, que a lo mejor se merece el viaje más que ellos.

La ausencia de prudencia y decencia permiten que se declare con heroica valentía gratuita la responsabilidad de sus actos, asumir pomposamente los errores en conferencia de prensa, con la tranquilidad de espíritu al saber que es un gesto vacío y sin consecuencias ni penas, en términos prácticos, se trata de impúdica irresponsabilidad política.

Es una historia que tendrá dejar de repetirse, por abusada, por visiblemente en contraste con la rectitud de proceder, e imperdonablemente injusta con el ciudadano común, plena y ciertamente responsable de sus actos cuando estos se apartan del recto camino.

Dejar impune la indecencia política es entregarle a las malas prácticas, y a las maniobras astutas, la llave de la autoridad. Es asumir que somos cómplices de un Estado débil, que no logra hacer justicia en lugar de la ciudadanía, cuya voluntad tiene poca capacidad de transformarse en acción.

===== Editorial Destacado Principal ===== Dejar impune la indecencia política es entregarle a las malas prácticas, y a las maniobras astutas, la llave de la autoridad. Es asumir que somos cómplices de un Estado débil, que no logra hacer justicia en lugar de la ciudadanía, cuya voluntad tiene poca capacidad de transformarse en acción.
 


  Imprimir noticia   Descargar versión PDF