Camino por recorrer hacia una inclusión real de la discapacidad

Fecha Publicación: 7/12/2015

Hay realidades que para muchos son de tal grado de complejidad que prefieren postergarlas, hacer uso de las capacidades del cerebro humano para optar por no darse por informado, dejar de ver, oír, recordar. Postergar asuntos dolorosos o delatores, evitar, en la medida de lo posible, tener señales reprobatorias en la consciencia.

La discapacidad es uno de esos asuntos, tanto que para bastantes ciudadanos hay conceptos errados sobre su naturaleza, a menos, por supuesto, que se encuentren directa o indirectamente involucrados. La discapacidad es un término genérico, que incluye deficiencias de las funciones o estructuras corporales, o ambas, su lógica e inmediata consecuencia es una progresiva limitación o barrera para la interacción con otros y del mismo modo para sus propios propósitos.

Para salir al paso a las consideraciones del primer párrafo y eliminar la posibilidad de ignorar esta realidad estas son las cifras puras; en Chile hay sobre el millón de personas con discapacidades leves, más de medio millón con discapacidad moderada y más de 400.000 con discapacidad severa. Para dejarlo todavía más evidente, una de cada 14 personas en Chile tiene discapacidad leve, una de cada 31 personas tiene discapacidad moderada y una de cada 40 personas tiene discapacidad severa.

No es por lo tanto una situación que sencillamente pueda dejar espacio a otras prioridades. Por mucho que se organicen teletones, campañas con fuerte carga emocional, presentando a no pocos discapacitados como seres a los cuales hay que compadecer, o a los cuales hay que admirar por sus esfuerzos para supera sus limitaciones, cuando en realidad son personas con todos los derechos y no tienen por qué estar en un marco de colectiva caridad, no importa cuán bien intencionada esté.

Es la nación toda la que tiene que hacerse cargo de un sector de su población con discapacidades. Recientemente, una colorida marcha, coronada de globos, marcaba la presencia del Carnaval por la Discapacidad, en el centro de la ciudad, organizado por el Consejo de Directores de Escuelas Especiales, niños con diversas discapacidades, algunos en sus sillas de ruedas, se mostraban felices en medio de la algarabía y la música, un momento excelente para recordar que están allí y lo que pueden hacer por ellos adultos comprometidos.

En otro ámbito, un grupo de madres piden asegurar asistencia pediátrica a niños con discapacidad, ante la cruda realidad que en hospitales regidos por el sistema público y en los dependientes de Fuerzas Armadas han negado atención especializada a los menores. Pretenden hacer una presentación ante el ministerio de Salud, pero también, recordando casos fatales por esta circunstancia, observan como posible llegar a cortes internacionales, por vulneración de derechos del niño.

Esas madres, enaltecidas por sus diarios esfuerzos frente a hijos que las requieren más que nadie, se muestran serenas, expresan; “hay que agotar primero los ordenamientos jurídicos internos, creemos que el país tiene la capacidad de resolverlo, pero hay que pedirlo y hay que lograrlo” Es muy difícil acotar algo más significativo sobre el particular, sobre todo al reconocer quienes son las que, por sobretodo, tiene confianza en su país. En las pausas de buscar candidatos, nuestros políticos deberían prestar atención a circunstancias como estas, si no lo hacen es imposible reclamar cercanía, o consecuencia.


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