Atreverse a pensar

Fecha Publicación: 6/12/2015

Aristóteles es parte de un ya establecido prestigio de la Hélade, su pensamiento estuvo vigente en el mundo occidental por cerca de dos mil años, bastante de su línea de pensamiento está saludablemente vigente el día de hoy, a pesar que algunas de sus propuestas no fueran especialmente felices, como que la mujer tenía menos dientes que el hombre o su explicación, bastante sui generis, para señalar la causa de las diversas velocidades de la caída de los objetos, que van aumentando en la medida que van cayendo. Inventó, para ese propósito, un nuevo principio, a saber, que los cuerpos están más contentos y por lo tanto se aceleran a medida que se acercan a su posición natural de reposo. Un principio que parece describir más a personas o perros regalones, que a objetos inanimados, pero en fin, nadie es perfecto. 

Lo importante es que esa forma de pensar, buscando razones y motivos para el comportamiento de cosas y seres grandes y pequeños, en vez achacárselas a fuerzas desconocidas, con o sin participación de dioses ad hoc, es una poderosa innovación en sí misma, algo que independiza al hombre de una suerte de destino ciego, desconocido e inexorable.

En 1277, el obispo Tempier de Paris, por instrucciones del papa Juan XXI, proclamó 219 herejías, entre las cuales estaba el pensar que leyes naturales estuvieran por encima de la voluntad de Dios. Resulta interesante saber que el papa aludido murió por efectos de la ley de gravedad, al caerle encima, unos meses más tarde, el techo de su palacio.

Pensar, aunque parezca fatigoso, es un ejercicio cada vez más urgente, vista la tendencia y el interés de muchos para pensar por nosotros y convencernos posteriormente de la calidad de su producción, una demasiado peligrosa delegación de funciones.


PROCOPIO


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