El necesario proceso de regeneración democrática

Fecha Publicación: 5/12/2015

El país se apresta para volver a ser político, hubo en momento en la historia, no demasiado lejano, cuando los chilenos fueron descritos como los más politizados de Sudamérica y de ello daban cuanta los debates encendidos e informados, la aparición de caudillos carismáticos en todos los colores del espectro y la práctica desvergonzada de presiones de todo tipo para ubicarse en los sitios más apetecidos, con un prensa sarcástica y militante, y revistas satíricas que repartían epítetos a moros y cristianos, sin importar lo egregio de su posicionamiento. Eran los tiempos de la democracia con grandes dosis de inocencia, no se había aprendido, de modo transversal, a jugar sucio.

Por esas fechas, más precisamente, el año 1963, John Profumo, designado ministro de Defensa británico, renuncia por un escándalo ente faldas y espionaje, con mucho de lo primero y nada de lo último, expresa; "he llegado a darme cuenta de que, mediante este engaño, me he hecho culpable de una grave falta… no puedo seguir siendo miembro de la administración, ni de la Cámara de los Comunes". 

En nuestra historia, el padre de la patria, el Director Supremo, Bernardo O’Higgins, para evitar una eventual guerra civil por problemas graves en el país decide abdicar, ante el Cabildo Abierto exclama; "Tomad de mi la venganza que queráis", saltan tres botones de su casaca al abrirla de un tirón, " ¡aquí está mi pecho!", dispuesto igualmente a asumir las consecuencias de sus acciones, convencido en la justicia de la joven república.

En contraste con lo actual, que hace necesario una regeneración de la vida pública. Recientes resultados demoscópicos evidencian que existe una creciente demanda social por cambios profundos en esa dirección, la demanda de indignados o desilusionados o simplemente hastiados, por hacer de la política una práctica ejemplificadora de servicio público, en contraste con la política operadora de auto perpetuación y con eventuales malas prácticas para beneficio personal o para entronización partidaria, por sobre las esperanzas de los ciudadanos. Situación que da lugar a la fundación de nuevos partidos con la promesa de no hacer lo que se ha venido haciendo.

Carlos Domínguez Luis, académico correspondiente de la Real Academia Española de Jurisprudencia y Legislación, subraya que no es propio de sociedades democráticas sanas el traslado, al Poder Judicial, de la responsabilidad de dotar de higiene ética a la política, ya que esta última debiera ser un bien moral inalienable al ser político y no un comportamiento que se muestre solo para evitar las consecuencias legales de su atropello.

Si bien es cierto que las conductas delictivas hallan en la judicatura la sede adecuada para la exigencia de responsabilidades, hay un amplio elenco de comportamientos inaceptables moralmente -como mentir o faltas a la probidad- que, sin exigir la intervención judicial, deberían dar lugar a la salida de los cargos públicos de los que así actúan, asumir efectivamente la responsabilidad de sus acciones.

El gesto decisivo de O’Higgins, debería servir de ejemplo para muchos que, pese a incurrir en faltas graves, se aferran a los puestos, con la sola esperanza de que una resolución judicial no les obligue a abandonar, de tal modo que si logran escapar a la justicia, escapan igualmente al juicio de una olvidada y elemental decencia.


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