La corta edad de nuestra vieja ciudad

Fecha Publicación: 4/12/2015

Hay una ciudad de esas que tienen un pie en cada escenario, una suerte de puente, como su misma ubicación geográfica, entre la historia y la leyenda, cambiando en su azarosa existencia tres veces de nombre, su nacimiento oficial como Bizancio ocurre el año 667 aC, fundada por los griegos en la orilla europea del Bósforo, un lugar muy conveniente desde el punto de vista comercial, al estar en pleno paso entre el Mar Negro y el Mar Egeo, o sea, al Mediterráneo.

Alejandro Magno, hizo de Bizancio parte de su imperio en expansión, a título de precalentamiento. Un par de siglos más tarde, el 197 dC, a lo mejor por problemas de caja chica, fue atacada y saqueada por el emperador Septimio Severo. Después de la división administrativa del imperio romano en dos partes, el año 395, en su momento, Constantino el Grande emperador de la parte de oriental, funda allí mismo la nueva Roma la que fue bautizada, era que no, Constantinopla, la ciudad de Constantino, capital del imperio romano de Oriente.

Su historia como baluarte del imperio romano termina más de mil años más tarde, el último emperador Constantino XI, murió defendiéndola en 1453, contra los turcos. La ciudad pasa a ser la capital del fabuloso imperio otomano, con el nombre de Estambul, que hasta aquí no ha cambiado.

No resulta demasiado comparable con nuestra modesta, aunque no pobre historia urbana, en catástrofes y litigios, maremotos y ataques indígenas, refundaciones, independencias, reconquistas y un par de celebraciones de centenario. No será mucho en términos comparativos, pero hasta aquí, no le hemos cambiado el nombre a la ciudad y de nosotros depende que siga creciendo y juntando mejores historias.


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