Alarmante aumento de la deuda informal

Fecha Publicación: 16/8/2015

La deuda es un fantasma temible tanto para las naciones en el colectivo, como para las personas en particular, en términos financieros, las personas naturales. La deuda en sí misma, no importando su monto, no es problema si se ha contraído precisamente para generar más riqueza y en el proceso la deuda se paga sin mayores dificultades y si hiciera falta más recursos, para ambiciones aún más altas, se contraen deudas nuevas. Si se ha pensado bien, es un círculo virtuoso, un negocio excelente que permite ganar a ambas partes, los prestatarios y los deudores.

Diferente es la situación cuando las deudas no pueden pagarse, porque hubo errores de cálculo, o por sencilla irresponsabilidad al hacerlos desprolijamente, o cuando se pide dinero con la oculta intención de no pagarlo, o pagar después de maniobras políticas o dilatorias de cualquier orden, reclamando abuso, exceso de intereses o presión indebida.

En el contexto de las personas naturales, la deuda es un indicador mucho más próximo del desequilibrio entre las entradas y las salidas, entre el dinero que llega a la casa y el que se gasta. Situación que se desata cuando el costo de la vida se incrementa por sobre el aumento de la capacidad adquisitiva de sueldos y salarios, con el mismo tren de gastos, o cuando, sencillamente, se gasta más, con o sin excusas.

Registrar el comportamiento de las deudas de las personas naturales, es un descriptor del estado económico del país y, de la responsabilidad de sus ciudadanos. El último informe sobre la deuda de personas naturales, que elaboró la Asociación de Bancos e Instituciones Financieras de Chile, da cuenta de un estado satisfactorio; la morosidad se mantiene acotada y estable. 

El estudio revela que en abril del 2015, el 17,7% de los deudores bancarios registra alguna deuda de consumo y deuda comercial atrasada en más de 90 días, incluyendo deuda hipotecaria, deuda de personas naturales. La deuda de consumo morosa a más de 90 días fue solo el 2.8% al cierre del mes de mayo, cifra similar a meses anteriores, un nivel parecido al segmento hipotecario, cuya morosidad se ubicó en 3,00%. 

Estos bajos niveles de mora reflejan más bien una progresiva restricción de líneas crediticias a las personas naturales, atribuible a normas bancarias más severas a la hora de estimar los riesgos. O sea, como se comenta popularmente, hay que tener dinero para pedirlo prestado, solo que últimamente esta presunción es cada vez más cierta.

Como contraparte, el año pasado, en la última Encuesta Financiera a los Hogares, se describe el avance silencioso que ha registrado la deuda informal de los hogares, que algunos expertos atribuyen justamente a la mayor regulación y al aumento en las restricciones para otorgar créditos. En cifras, si en 2007 la deuda informal de los hogares -para el Banco Central los préstamos de parientes o amigos, casa de crédito prendario ("tía rica"), crédito de prestamistas, fiado y otras- representaba el 1,7%, en solo cinco años ha aumentado al 10,3% del total, en cifras a fines del año pasado.

En tiempos de incertidumbre resulta muy recomendable tener las deudas bajo control, especialmente el grupo de gente joven, que todavía no ha aprendido que no hay mercadería más cara que el dinero. Hace mucha falta la asignatura de responsabilidad financiera, incluso en los niveles más altos del Estado.


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