El llamativo arte de sacar la vuelta

Fecha Publicación: 30/11/2015

Cuando por alguna afortunada coincidencia se ubican en el calendario días feriados en lugares estratégicos de la semana, dejando, en medio de los días marcados de rojo un día de color negro o azul, se produce un sándwich, es decir, el celebérrimo fin de semana largo a ser utilizado sin rubor, sin complejo de culpa, a pesar de los fúnebres comentarios de los economistas que, mediante fórmulas secretas y arcanas, calculan lo que el país deja de ganar con esos días sin actividad laboral, cifras que nadie entiende y que terminan por dejarse a un lado, como si fueran una muestra más de parloteo insustancial y meramente teórico.

Además existe abundante evidencia que en esto de sacar la vuelta no estamos solos, la cultura madre de la nuestra, la romana, ha dejado testimonio suficiente en esta materia como para que, en comparación, todo lo que estamos haciendo sea un juego de niños. En el imperio romano pasaba de todo y siempre fue necesario agregar otras festividades, por ejemplo, para la inauguración de templos o conmemoraciones nuevas. Sin considerar las numerosas oportunidades que por motivos de triunfo o elecciones importantes durante las cuales los candidatos financiaban algunos espectáculos para hacerse querer, había amplia excusa para descansar de tanto festival, circo, carreras, teatro, que era como para destruir a cualquiera.

Chile, los romanos de Sudamérica, postulan una semana de festejo patrio, más días perdidos para Pascua y Año Nuevo, más aquellos preparatorios para las vacaciones y Febrero, un mes de vida útil insignificante. Puede que esté bien, lo que falta solamente es hacer más útiles los días útiles.


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