Entre el idealismo y la experiencia

Fecha Publicación: 26/11/2015

Se vive en el agitado mundo del cambio perpetuo. Tradicionalmente, el conocimiento y las destrezas se trasmitían en un proceso que transitaba con relativa calma por la infancia, adolescencia y madurez. Ahora, las principales herramientas tecnológicas son del dominio casi exclusivo de la juventud, flamantes Adanes en un paraíso recién patentado, sin culebras tentadoras, remplazadas por tentaciones mucho más veloces y llamativas que sus silbidos obsoletamente persuasivos. Nuevos artefactos van descartando por incompatibles a los emperadores tecnológicos de la semana pasada, los que son arrojados a la basura sin misericordia, con displicente indiferencia.

Sin embargo, como factor de moderación, puede observarse que esa misma indiferencia por lo que ocurre en el pasado próximo, deja a nuestros jóvenes con el grito en la boca, con iniciativas de rápido olvido y con la falta de material probado con anterioridad, sin historia, por lo cual pueden ser nuevamente convencidos de propuestas que han sido probadamente erróneas.

Como contraparte estarían los más viejos, o los con mayor experiencia, los que son mirados con indisimulada desconfianza, difícilmente creíbles al representar un mundo que, según ellos, ya pasó, sin saber que el hombre repite continuamente su misma historia. Los jóvenes de Mayo del 68, en París, escribían en los muros "No estamos contra los viejos, sino contra lo que les hace envejecer".

Las sociedades más equilibradas han de ser aquellas que logran juntar las voluntades, los idealismos y las energías de la juventud con la experiencia y el interés de los hombres de bien de edad mayor, aunque sea necesario ser muy cuidadosos al momento de definir quienes reúnen esos requisitos.


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