La amenaza albiceleste

Fecha Publicación: 26/11/2015

No hay razón alguna para dar por terminada la polémica relativa a la percepción ciudadana del actuar de sus políticos, por lo mismo la declaración del ministro Nicolás Eyzaguirre en septiembre, al comentar los muy bajos niveles de popularidad, y los correspondientes altos niveles de rechazo a los actores políticos gubernamentales, siguen en plena vigencia. A título de inicio ubica la partida de este proceso de deterioro al caso Caval, el que consideró tanto más grave que los casos Penta y Soquimich, en sus palabras "devastador, porque a pesar de que ella (la Presidenta) es completamente proba, aparece su hijo disfrutando de los privilegios que se trataba de desmontar. El país entonces se queda sin fe. Eso no puede ser más trágico".

Es efectivamente una tragedia, que toca más hondo a quienes tienen reservas cuantiosas de afecto y compromiso para la patria, a los que parodiando a Unamuno, les duele Chile. El actual Ministro Secretario General de la Presidencia entiende que una de la formas de recuperar la confianza y "fe" es que tanto Gobierno como oposición se den cuenta que están "metidos todos en un mismo bote", y que "la gente no nos cree".

Casi perfectamente indiferentes a asumir esa impresentable pérdida de confianza, muchos de los grandes actores de la política perseveran en sus interminables juegos de poder, que se supone el ciudadano común tiene que aceptar como prioritario, aunque en realidad el juego en cuestión deja en abandono otras iniciativas realmente urgentes para los habitantes de la República.

Parece estar en la orden del día el descubrimiento de nuevos trucos sucios, de molestas nuevas sospechas de coimas o presión indebida, o utilización de conocimiento privilegiado, salen a la palestra nombres de parlamentarios de ambos sexos involucrados en asuntos turbios, dinero por medio, inhabilitados en conciencia para discutir los temas de honradez y decencia, aunque no resulte al final completamente justo y tengan que asumir los costos, como siempre, justos por pecadores. 

En ese escenario, hace pocos días, los presidentes del Senado y la Cámara de Diputados se reunieron con el ministro secretario general de la Presidencia, Nicolás Eyzaguirre, para revisar los avances en torno a la agenda de probidad y transparencia que busca impulsar el Gobierno.

Acción hasta cierto punto sorpresiva para la ciudadanía, porque se suponía que estaban en eso, justamente porque han pasado largos meses desde la propuesta por la Comisión ad-hoc. Al buscar las causas del resurgimiento del interés en el particular, estas emergen prontamente; se trata de dinero, ese poderoso caballero. Antes de abordar los fondos públicos para campañas, se requiere depurar los registros de los partidos y sincerar el real número de militantes. El titular de la Segpres enfatizó que al cabo de un año de aprobada la ley, los padrones de los partidos tienen que estar íntegramente reinscritos y terminar de una vez con los "militantes fantasmas".

Los avances en la legislación que describa y castigue con rapidez y proporcionalidad los delitos de corrupción u otras formas de malas prácticas de los legisladores, son el tipo de señales que la gente espera para recuperar la fe, insostenible ahora, casi una forma de ingenuidad, ante la observación de una justicia que deja escapar sin mácula a manifiestas actuaciones dolosas, por parte de quienes debieran dar la pauta de comportamiento ciudadano, en un Chile que quiere ser identificado como un país serio y decente.


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