Ilimitada violencia

Fecha Publicación: 26/11/2015

En doctos ensayos e innúmeros simposios, se ha declarado que el siglo XXI tendrá como gran problema enfrentar la violencia, no es que seamos mansos corderos, con ocasionales malentendidos, sabemos que pertenecemos a una especie asesina, un mono que se ha ganado su lugar en el planeta no precisamente por su capacidad de negociación pacífica.

En épocas pasadas, el término violencia se entendía como actos tangibles de agresión y destrucción, encaminados a deteriorar, en la medida de lo posible de modo irreversible al oponente de turno. Se la ha tratado de controlar por diversos mecanismos, sanciones reguladoras o la aplicación aplastante de fuerza mayor, si lo anterior no fuera suficiente.

Las nuevas formas de violencia incluyen esos actos, pero es ahora más compleja, ya que se añade el abuso en otras formas, mediante manipulación de variables sociales o psicológicas, en el redescubrimiento que la lengua es más fuerte que la espada.

Como toda cultura, la cultura de la violencia es un producto de la sociedad, es una suerte de adulteramiento, de distorsión maliciosa de las relaciones humanas, en el seno de grupos y comunidades. Por razones fáciles de comprender, la posibilidad de cambiar los comportamientos de los grupos es relativamente más compleja que cambiar individualmente a las personas.

Sin embargo, volver a buscar los medios para controlar la violencia primitiva, falsamente dada por controlada, se ha vuelto un asunto de primera necesidad, sobre todo cuando la violencia actual se realiza sin límite en lo relativo a recursos, con desprecio a la vida propia, tanto más a la ajena. Con qué se apaga este incendio es el dilema más complejo de estos tiempos.


PROCOPIO


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