Del "nadie gana" a un claro perdedor: la ciudadanía

Fecha Publicación: 23/11/2015

Parecía que había terminado, pero no, era solo un prolegómeno de lo que está por resolverse, el hecho primario y sencillo de saber quién manda aquí es una pregunta sencilla, aunque para los tiempos que corren suena desafiantemente retrógrada. Mandar, ¿qué es eso? Obedecer, ¿por qué? Es como preguntarse si en tiempos de libertad son esas aseveraciones aún válidas, si puede existir alguien que mande y otro que obedezca. 

Tal parece que el asunto ha sido resuelto en el sentido que no manda nadie, que la legislación que se ha elaborado para normar el funcionamiento de la sociedad deja de operar cuando alguien o algunos pueden ejercer suficiente presión como para hacer mudar las cosas a su arbitrio, o a su momentánea conveniencia.

Ya se ha observado terminaciones de conflictos, entre sindicatos y patrones, entre empleados públicos y el Estado, que se han resuelto a la fuerza, por disimulada que trate de aparecer, mediante la simple administración de desequilibrada presión, sin contraparte, utilizando como argumento el sacrificio o el daño a un indefenso grupo de rehenes, representado por la ciudadanía, que en estos asuntos no tiene paño que cortar y, sin embargo, termina pagando todos los platos rotos, los ya rotos y los por romper.

En este tipo de situaciones, la ministra de Justicia, Javiera Blanco, cuya cartera y la de Hacienda llegaron a un acuerdo y una firma de protocolo con los funcionarios del Registro Civil para deponer el paro de 39 días, un acuerdo un tanto a regañadientes, con la ministra declarando que con la movilización "no ganó nadie". Claro que en realidad su juicio es erróneo, pues es evidente que sí hubo perdedores: los de siempre, los ciudadanos, amontonados frente a las rejas cerradas de los edificios del servicio tapizados de carteles reivindicativos, esperando poder obtener los documentos para un viaje, para inscribir a un hijo o para certificar la muerte de un ser querido.

En cuanto a los detalles del arreglo, como suele acontecer en estos casos, no se abundó demasiado; un bono para el año 2017 que se entregará a trabajadores tanto de planta como a contrata, excluyendo a los directivos de la Alta Dirección Pública y "un gesto" para 2016, descripción en si misma sembrada de incertezas y potenciales nuevos malentendidos. Otro aspecto pendiente es el asunto de los descuentos por días no trabajados, una cuestión que ya estaba iniciada, junto con sumarios en curso, temas fuera del protocolo.

A poco andar, justamente el asunto de los descuentos, con el argumento de desconocer exactamente los montos y la oportunidad, ha suscitado nuevos paros parciales, más la explícita exhibición de la amenaza de romper acuerdos y parase otra vez hasta que todo quede a entera satisfacción de los peticionarios. Interesante enfrentamiento entre empleados y un patrón, el Estado. Resulta preocupante pensar qué sucedería cuando se enfrente un sindicato bien cohesionado con un patrón evidentemente más débil, si la fuerza es el argumento y no la justicia de las reclamaciones o, por último, la legitimidad de las aspiraciones y la imposibilidad material de darles inmediata solución.

La Reforma Laboral ha de tener estos hechos en cuenta, encontrar un punto de equilibrio, que permita a la clase trabajadora presionar por sus justos derechos y a los empleadores una oportunidad de responder dentro de su efectiva y legítima capacidad de respuesta, de lo contrario el mundo laboral se regirá por las normas propias de la ley de la selva. 


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