La poca consideración que sigue existiendo hacia las regiones

Fecha Publicación: 23/11/2015

Se ha producido hace poco la perfecta puesta en marcha de la antigua locución española "Desnudar un santo para vestir otro", la cual se emplea cuando se intenta arreglar algo estropeando otra cosa. Como único consuelo se podría agregar que por lo menos no es una acción sin precedentes, solo que se esperaría que de tanto pasar el tiempo en intentos fallidos, se saquen las conclusiones correctas.

Esta vez, tras intenso debate, el Senado aprobó uso de fondos espejo del Transantiago para hospitales. La Ley de Subsidio al Transporte Público, más conocida como fondos espejo, fue aprobada en septiembre de 2009. Con ella se asigna a las regiones una cantidad similar de subsidio al que recibe el sistema de transporte público capitalino. Los fondos se dividen en dos partes: una administrada por el Ministerio de Transportes, que la aplica principalmente para rebajas en tarifas y otra es enviada a los Gobiernos Regionales, vía Subdere.

El principal fin, en vista de costos muy por sobre lo primeramente estimado para los usuarios, era evitar el aumento del precio de la locomoción colectiva -como compensación, ya que los fondos son en realidad de todos los chilenos y no solo de los santiaguinos-. 

Hasta ahí, aun considerando que no es exactamente el modo como deberían operar las empresas del Estado, generando pérdidas y aumentándolas para apagar la crítica mediante reparto de fondos compensatorios, el asunto estaba en relativo equilibrio, del cual se ha salido al aparecer otra variante en el uso de estos dineros, el Senado aprobó el fin de semana recién pasado, el uso de estos recursos para los 20 hospitales que quedarán "en construcción" en 2018. La glosa se votó dentro de la partida presupuestaria del Ministerio del Interior, permitiendo que se utilicen $13.000 millones de los fondos espejo del Transantiago en la construcción de los recintos hospitalarios.

"A confesión de parte, relevo de pruebas", esta vez el axioma es jurídico, significa que quien confiesa algo libera a la contraparte de tener que probarlo. La confesión de parte es implícitamente reemplazada por el hecho escueto que inconsultamente al sentir de las regiones, con inusitada celeridad y sin mayores trámites, los legisladores han decidido restar estos fondos de las administraciones regionales, no hace entonces falta probar que las regiones tienen para estos parlamentarios una importancia cercana a cero.

Para mayor abundamiento, los comentarios de los políticos despliegan los mejores arrebatos de su ensayada elocuencia para referirse a las improvisaciones del Estado o, de la insuficiencia de la medida. Cada cual para mostrar que lo habría hecho diferente y mejor, pero nadie alude al hecho que las regiones han sido privadas de recursos con la argumentación adicional de uso inadecuado, ya que no estaba siendo solamente empleado para transporte y conectividad, aunque el uso de los fondos no estaba explícitamente limitado a esos objetivos.

El asunto de fondo es, otra vez, la nula participación de las regiones en decisiones importantes que las afectan directamente. Sus destinos son labrados por extraños, ajenos a sus realidades, con decisiones muchas veces erradas por no asumir que para adoptarlas hay que saber de qué se trata.


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