La fragilidad del alma

Fecha Publicación: 23/11/2015

Para los iniciados, hay un antes y un después en el episodio de Carmen Marín, la famosa y nunca bien ponderada "endemoniada de Santiago" de fines del siglo 19. Los llamados a ver sus alarmantes comportamientos fueron, como correspondía, sacerdotes de cierta edad, con experiencia en asuntos presuntamente diabólicos. No había demasiado espacio para otras teorías, que la de estar en la presencia de una mujer poseída por el maligno.

Carmen se convulsionaba, insultando en latín francés y alemán, la amarran a la cama y sólo se tranquiliza cuando le leen pasajes de la biblia de San Juan. Gran polémica entre los médicos, hasta que uno logra obtener la historia entera: una niña huérfana, abandonada y recogida en un asilo, de donde sale para ejercer la profesión más antigua del mundo en Valparaíso, relacionándose con marinos franceses y alemanes. Aprende latín en un convento donde es acogida al arrepentirse.

Allí aparece el Dr. Armando Roa, psiquiatra que concluye que se trata de un trastorno mental, que no hay posesión diabólica alguna. El caso inaugura la psiquiatría en Chile, al proporcionar la primera explicación psicoanalítica que centra el desquiciamiento en factores psicosociales y no de demonología o lo sobrenatural.

A partir de entonces no parece cesar el acúmulo de cuadros de parecida naturaleza, afectando a cada vez a más personas. Falta comprender que es relativamente fácil que de pronto nuestra vida psíquica empiece a funcionar inapropiadamente, que se rompa nuestro frágil equilibrio y que las circunstancias de nuestras vidas, normales hasta aquí, de pronto se transformen en ámbitos intolerables o desconocidos. 


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