La importancia de dar una justa valoración a los Derechos Humanos

Fecha Publicación: 22/11/2015

Así como han venido sucediendo las cosas, parece que los Derechos Humanos son una entelequia que permite discriminar entre aquellos a los cuales se puede arropar hasta la invulnerabilidad, de otros que por motivos no siempre explícitos no resultan elegibles, por lo cual no tienen chance de sentirse acogidos por iguales principios. 

Hay sobre este asunto varias vertientes. Por una parte, la ciudadanía común, la anónima, salvo para su círculo cercano, frente a la delincuencia, con los actores de esta última protegidos en una maraña de derechos en trato y eventual aunque efímera captura. No sea cosa que se vulnere sus derechos humanos, prestando escasa atención al otro sector, el perjudicado, cuyos derechos, que debieran ser por lo menos parecidos, son olvidados por completo. 

En ese entorno de actitudes se inscribe el nuevo ataque a la familia Luchsinger en Vilcún, esta vez el incendio intencional a una lechería, con las consabidas pérdidas. Como es casi sacramental, en el lugar se encontraron panfletos con consignas en contra del proceso que lleva a cabo la Conadi y por la recuperación de las tierras. También, para completar la relación usual, se informa que en la zona se realizan operativos policiales terrestres y aéreos, sin resultados positivos hasta ahora.

Esto ocurrió a dos kilómetros del lugar donde murió quemado, junto con su casa incendiada de similar manera, el matrimonio de Werner Luchsinger y Vivianne Mackay hace apenas dos años.

Aunque manteniendo las debidas proporciones, la reacción del gobierno francés ante los ataques terroristas fue claramente diferente y rotunda, sin complejos de autoritarismo o represión de ninguna naturaleza. No hubo equivocaciones en cuanto a quién había que proteger en las próximas horas, la visualización de fuerzas del orden, debidamente equipadas y en número claramente mayor a lo normal era manifiesta en gran parte de las grandes ciudades de Europa, sobre todo en aquellas más cercanas a la capital gala.

El uso de la razón, la mesura, el respeto, no están en modo algún reñidos con el perfecto derecho a proteger a la sociedad de quienes sienten un profundo desprecio por la propiedad y la vida de los otros. Personas y vidas humanas convertidos en obstáculos desechables para el logro de los más diversos objetivos, ganancia directa en dinero, o avances presuntos en idearios políticos o religiosos, o inocentes pagando cuentas oscuras de historia lejana.

No parece estar internalizado, en las políticamente correctas autoridades, que la sensación de inseguridad e impotencia son una forma ominosa de energía negativa en estado de acúmulo, que de un modo u otro puede expresarse con indeseables consecuencias, que no es posible ocultar la cabeza indefinidamente, o seguir permitiendo la impunidad basada en una insostenible teoría de hechores anónimos inaccesibles a la investigación policial,

Los Derechos Humanos están siendo vulnerados, por mucho que se les aplique a un segmento, escogido malamente, de la sociedad chilena. No se puede confundir la lucha por las reivindicaciones con los medios de la democracia, con la violencia ciega y a mansalva, como si cualquier medio se justificara ante la importancia de los fines.


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