Producir en tiempo de incertidumbre

Fecha Publicación: 22/11/2015

En medio de este mundo lleno de confusiones, es particularmente bienvenido que los historiadores hayan separado la historia en capítulos, para tener la posibilidad de entender cómo el hombre progresa por etapas, por muy arbitrario que al final resulte dividir lo indivisible.

La caída del Imperio Romano de Oriente ante el ataque inmisericorde y de ilimitados recursos de Mehmed II, el líder del Imperio Otomano, derrota de Constantino XI y la toma de Bizancio que ocurre en 1453, es un hecho marcador del fin de la Edad Media para algunos, coincidiendo con la edición de la Biblia, el primer libro impreso por Gutenberg. Otros proponen, con igual significado, el descubrimiento de América, por Cristóbal Colón, aunque él no lo tuviera tan claro.

Sin embargo, en esta llamada edad obscura, ocurren cosas que dejan el denominativo un tanto injusto. Es cierto que la pobreza y el hambre, que la crueldad y el olvido al respeto por la vida estuvieron, como los jinetes del Apocalipsis, siempre sobre ese triste trozo de historia, pero al mismo tiempo hubo quienes trataron de salvar lo que más se pudiera de la sabiduría de los tiempos recién pasados y que corrían el riesgo de desaparecer. Entre los años 1200 y 1400 se fundaron 52 universidades, aunque ya habían partido la Universidad de Bolonia, el 1089 y la de Oxford el 1096, por lo que no resulta correcto pensar que el Renacimiento se inicia como por obra de encantamiento.

Lo que no hay que olvidar es que por difícil que sean las situaciones, siempre habrá quienes se sobreponen y en vez de unirse al coro de los lamentos, se suben las mangas y se ponen sin mayores cavilaciones, a trabajar.

PROCOPIO


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