Endurecimiento de penas para delitos económicos

Fecha Publicación: 21/11/2015

Sería un buen indicador el aumento de la riqueza en vocablos nacionales cuyo significado fuera positivo, una palabra nueva para una nueva y poderosa virtud, sin embargo, con desalentadora frecuencia es posible observar que se añaden otras ciertamente existentes en los diccionarios, que definen situaciones de otra índole, no malas palabras, sino palabras que indican nuevas malas noticias, colusión, por ejemplo.

Se podría pensar que la actividad que describe este término, lamentablemente cada vez más familiar para la ciudadanía, ya tenía un descriptor, asociación ilícita, por ejemplo, bandas o pandillas, por otro, gente que se junta secretamente para explorar posibilidades de sacar provecho de los honrados y por lo mismo inadvertidos semejantes. Hay, por supuesto, apelativos más duros para describir a este tipo de organizaciones, pero como se trata de grupos de personas de elevada posición en la sociedad no es posible ofenderlos con denominaciones impropias para gente decente, utilizando en cambio otras como colusión, precisamente, que tiene una connotación más elegante, más intelectual, más propia de gente educada.

El paraíso de los eufemismos tiene, sin embargo, la desventaja que por abuso se transforma en sarcasmo, la consabida y creciente transparencia terminará por dejar al descubierto a todos los que se han vestido con ropajes adecuados para ser confundidos con gente de bien y expuestos, como corresponde, en su real condición de elementos negativos sino peligrosos para una sociedad honesta. 

Podría parecer sorprendente que después de tantos años de vida democrática, se haya avanzado tan poco que en pleno tercer milenio y a más de doscientos años de vida republicana, la legislación esté llena de forados y recovecos, millares de manifestaciones de la célebre conclusión de hecha la ley, hecha la trampa, efectivamente, hace poco, la directora del Programa Calidad de la Política de la Fundación Chile 21, manifiesta que existe una disparidad de criterios para sancionar los delitos, por ejemplo, en los casos de colusión: "Se ha mostrado la insuficiencia de la legislación chilena, lo que nosotros tenemos hoy en día en términos de sanción no se compara ni por mucho a lo que vemos en otro tipo de delitos como los tributarios".

Con una declaración así, resulta hasta cierto punto risible que se espere que las instituciones funcionen, porque con ese funcionamiento no se llega a parte alguna. Por su parte, la directora del Área de Incidencia de Espacio Público, describe una situación problemática de foco en la legislación, ya que los casos de colusión que están en boca de todos y la sospecha fundada que no han de ser los únicos, no han sido previstos, terminando con una frase de diplomática elegancia "quizás nuestra legislación no ponía el acento adecuado".

Harto más dura es la conclusión del presidente de la Organización de Consumidores y Usuarios Stefan Larenas, al destacar su convencimiento de que está enquistada en un sector de la clase empresarial la sensación de que se está por encima de las leyes, ante lo cual se concluye una falencia de algo que está en el abecedario de la justicia, aquello de la igualdad ante la ley.

Es necesario el fortalecimiento de nuestra legislación implementando sanciones más fuertes, que deben corresponder a la magnitud de los delitos. Está por verse si hay tejados de cristal en los encargados de redactar las leyes con ese objeto.


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