El imprescindible compromiso político para el retorno del tren

Fecha Publicación: 20/11/2015

Podría ser una excusa relativa el dejar de atender asuntos importantes, distraídos por el nuevo afán de cada día y por la noticia emergente, eso a nivel de personas y grupos, pero no en asuntos de Estado. Allí es absolutamente indispensable tener todo cautelado, sin pérdidas de foco, por eso mismo es una máquina compleja y cara, con muchos funcionarios, se supone con las altas competencias requeridas, en ningún caso contratados en condiciones desventajosas para sus naturales y también altas expectativas de remuneración.

Sin embargo, como en cualquier otra instancia, la alta administración pública parece estar al tanto y trabajando sólo en lo que se presenta como la partitura del momento. Para salir de ese estado tiene que haber presiones externas y sólo si esas alcanzan un determinado umbral de estrépito.

Así ocurre con aquella de devolver al país sus conexiones por medio del ferrocarril, la deuda pendiente de Chile desde el momento mismo que, por cortedad de visión o por desatinado cálculo de costos inmediatos, se decidió su extirpación. Crimen de lesa patria, que los promotores de ese modo de progreso, a inicios del siglo pasado, habrían contemplado, estupefactos, como, con otros criterios, se declararía improductivo e inconducente el proyecto de Balmaceda para levantar un viaducto carísimo en algún lugar mítico, en región remota, llamado Malleco.

Es de reconocer que la idea no ha perdido vigencia. De vez en cuando, es de esperar que por los mejores motivos y no para añadir sufragios huidizos, se presentan mociones para devolver a Chile la columna vertebral de acero que le permitió crecer como república y unir a sus habitantes de un extremo a otro de su territorio, sin calculadora en mano para saber de dividendos mezquinos, como el que podrían justificar una inversión mayor.

La llamada bancada ferroviaria de la Cámara de Diputados, el Ministro de Transportes y el presidente de la Empresa de Ferrocarriles del Estado se han reunido, en fecha reciente, con el objeto de analizar la situación actual de la estatal y las opciones para concretar el reiteradamente desempolvado proyecto de tren al sur, hasta Puerto Montt. Allí se expresa el convencimiento que el ferrocarril tiene "ventajas insuperables en comparación con otros medios de transporte terrestre, en reducción de tiempos de viaje, descongestión vial, menor accidentabilidad y menor contaminación ambiental".

Es de prever la primera reacción de los economistas básicos, los del mundo de las finanzas, diferentes a la economía de los estadistas, que a diferencia de los anteriores sacan cuentas con el paso de los decenios y no con los balances del trimestre. Es la sospecha de su inconveniencia por eventuales pérdidas, las cuentas de la caja entre entradas y salidas, sin poner en la balanza otras eventuales ganancias, como aquella de articular un país y hacer progresar otras partes y no solamente la Región Metropolitana.

Acude a la mente del cálculo usual el ejemplo del Transantiago, un costo mayor que pagan todos los chilenos para capitalinos amontonados, en contraste con el costo del tren que es una inversión a largo plazo para revitalizar territorios útiles en producción y desarrollo, hasta ser atractivos, y opciones reales frente a la monstruosa acumulación poblacional de la cabecera del país. Hace falta algo más que el libro de caja para pensar en un ferrocarril complejo, extenso y eficiente para el Chile del futuro.


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