El saludable ejercicio de las consultas ciudadanas y de saber perder

Fecha Publicación: 18/11/2015

Mientras algunos celebraban un triunfo holgado, otros lloraban amargamente la derrota, este domingo, tras conocerse los resultados de la inédita consulta ciudadana que se realizó, durante cuatro días, para evaluar el real interés de los penquistas en la eventual creación de la comuna de Andalién. Y quienes lamentaban la oportunidad perdida, aprovechaban, de paso, para demostrar su disconformidad en cómo se hicieron las cosas, cuando en estricto rigor, por más perfectibles que fueran los procedimientos, la negativa a la nueva comuna fue categórica, encumbrándose cerca del 86% de los 21.500 votos válidamente emitidos. 

Vale la pena recordar a quienes perdieron que así es la democracia, y en particular los procesos eleccionarios y plebiscitarios: un ejercicio en el que, llevado a su división más básica, sólo caben dos opciones: ganar o perder. Ya lo decía Winston Churchill: "Muchas formas de gobierno han sido probadas y se probarán en este mundo de pecado e infortunio. Nadie pretende que la democracia sea perfecta u omnisciente. En verdad, se ha dicho que es la peor forma de gobierno, con excepción de todas las demás". 

Pero la democracia, al igual que el fútbol y que la vida misma, también da revanchas, por lo que no hay razón para que quienes apoyan la creación de la comuna de Andalién suspendan su lucha por esa causa. Eso sí, con paciencia y sin necesidad de buscar ensuciar un proceso que, por su carácter primerizo, todavía puede ser perfectible. Por lo demás, parece poco sensato buscar segundas oportunidades "por secretaría", sobre todo cuando la respuesta ciudadana se muestra tan categórica, con un 87% de los votos como partidarios de la opción de no dividir Concepción.

Ya analizando más en detalle el proceso, no deja de ser destacable que más de 20 mil personas hayan decidido dedicar tiempo y energía en participar en una elección que sólo tenía el carácter consultivo y ninguna fuerza vinculante. Eso sí, es necesario trabajar en un aspecto que por reiterado, no deja de ser preocupante: el que la mayoría de los votantes fueran mayores de 55 años, y que por el contrario, participación de jóvenes haya sido muy baja en una instancia tan emblemática de participación ciudadana como ésta. 

Llama la atención, porque los jóvenes han demostrado reiteradamente que sí tienen interés en la cosa pública, especialmente cuando se trata de manifestar su oposición frente a temas que los afectan y a exigir cambios. La lectura posible, que nos negamos a aceptar, es que justamente no existe una valoración de la democracia por las nuevas generaciones. Preferimos creer que más bien obedece al desgaste en la confianza en un sistema, en un año donde las instituciones parecen haber hecho esfuerzos por perder credibilidad y distanciarse aún más de la ciudadanía.

Por eso es que son valorables los ejercicios de participación como el desarrollado la semana pasada por la Municipalidad de Concepción, más allá de los resultados o de cuán vinculantes sean para la autoridad. Porque al final lo que cuenta es que los hacen los gobiernos locales para lograr que la gente se sienta partícipe de los asuntos de su ciudad y de las decisiones importantes. Sólo así se robustecerá la calidad de nuestra democracia, mal que mal, el mejor sistema que conocemos y al que debemos proteger. 


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