El postergado debate de la flexibilidad laboral

Fecha Publicación: 12/11/2015

Al igual como el aspecto de la calidad suele verse postergado a la hora de debatir la Reforma Educacional, el tema de la flexibilidad laboral parece quedar en un tercer o cuarto plano al momento de plantear los prolegómenos de la Reforma Laboral. Un tema postergado a la luz del debate en torno al fortalecimiento de los sindicatos, y que por momentos parece haberse vuelto un tabú. Sin embargo, el análisis comparado con la realidad de otros países que al optar por una mayor flexibilidad han mejorado considerablemente sus indicadores de productividad invita a reflexionar sobre propuestas que se fundamentan en la inteligencia aplicada a la experiencia diaria, más allá de consideraciones ideológicas. 

Durante décadas se pensó que a mayor cantidad de horas trabajadas, más alta era la productividad. Esta premisa posiblemente pudo tener algo de validez en tiempos de la revolución industrial, en que la producción en masa estaba atada a las horas/hombre efectivas de faena, y en que resultaban irrelevantes para el empleador las tasas de accidentabilidad y que las condiciones laborales fueran incompatibles con la dignidad humana.

En los últimos 25 años se ha ido produciendo un cambio de paradigma, apoyado en investigaciones que concluyen que jornadas más cortas de trabajo permiten un mayor foco y concentración del trabajador, lo que incide directamente en la productividad y creatividad.

En Chile algo se ha discutido el tema, pero el concepto aún está lejos de ser asimilado por empleadores y por los propios trabajadores. Y este parece estar muy arraigado en nuestra cultura, que suele mirar con desconfianza al que parte temprano a su casa con la tarea cumplida (el eficiente-no comprometido), en desmedro del que "se queda a cerrar el negocio" (el ineficiente-comprometido).

Si bien se han hecho algunas modificaciones a la legislación chilena que apuntan a la conciliación trabajo-familia, como la reforma que redujo la jornada laboral de 48 a 45 horas semanales vigente desde el 1° de enero del 2005, es claro que aún queda un largo camino por avanzar. En países como Finlandia, la jornada de trabajo dura hasta las 17 horas, y los viernes hasta las 14 horas. Claro que eso requiere no sólo una buena legislación, sino un compromiso del trabajador para alcanzar las metas que la organización espera de él en un tiempo más acotado. La productividad se enfoca entonces en una labor más intensiva. 

Curiosamente, estudios recientes establecen que las distracciones también serían un elemento importante para una jornada más productiva, al menos en forma acotada y bien delimitada. Ello basado en antecedentes que los científicos conocen hace décadas: los períodos de concentración natural no superan los 90 minutos, al cabo de los cuales el sistema simpático central comienza a secretar la substancia cortisol en la corteza prefrontal, afectando nuestras capacidades cognitivas. 

Los expertos recomiendan entonces conversaciones livianas con los compañeros, salir a caminar o incluso pasar un rato en Facebook. En 15 o 20 minutos, el cerebro ya está en condiciones de volver a iniciar un nuevo período de mayor concentración. 

Más que buscar avanzar en esta materia por la vía legislativa, lo recomendable es que las propias empresas se atrevan a innovar y a ensayar fórmulas con sus trabajadores, que por un lado incidan en más y mejor productividad en una jornada menos larga, pero también en el mayor compromiso y fidelización del personal con la organización, como retribución natural por la mejor calidad de vida laboral.
 


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