La escuela de (Groucho) Marx

Fecha Publicación: 10/11/2015

Fue Marx quien describió de manera más asertiva esa compleja relación entre los planos del "deber ser" y el "ser" en las decisiones políticas. Pero no el Marx barbudo que se imagina, sino uno sospechosamente bigotón: el gran Groucho Marx, actor neoyorkino de origen judío, vividor, lascivo y estrafalario, que con una propuesta a medio camino entre Charles Chaplin y Woody Allen, marcó un antes y un después en la comedia norteamericana. 

En medio de su impresionante producción de citas célebres, hay una en particular que nos revela, con epifánica claridad, la clave para entender la corriente filosófica del "carepalismo", tan extendida hoy en día entre nuestros políticos y gobernantes: "Estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros".

Tal vez sin pretenderlo, su intervención describe, con prodigioso cinismo, ese camino zigzagueante que separa los programas y manifiestos de la "realpolitik". 

Si bien por regla general son muy pocos los políticos que se atreverían a confesarse discípulos de Marx (Groucho Marx), es muy frecuente que en la práctica deban retroceder posiciones frente a sus promesas. A veces -casi siempre- guardando conveniente silencio, y de vez en cuando, asumiendo cierto margen de "error de cálculo" o de cambios de escenario imprevisibles que desembocan en vistosas volteretas, dignas de medalla. 

En definitiva, resulta clara la relevancia de nuestro bigotudo comediante en las ciencias políticas posmodernas, y como tal debiera ser estudiado en todas y cada una de las escuelas de Gobierno. Ya es tiempo de reconocerle su influencia, pues tal vez tenga más discípulos en el siglo XXI que los de su propio tío barbudo.

PIGMALIÓN


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