El costoso intento de estar al día

Fecha Publicación: 9/11/2015

La duda es si existe un momento en el cual el hombre pueda sentirse confortable, en medio de cosas que ya no tienen sentido, en un ambiente en el cual han cambiado los signos, los hábitos, las claves, las reglas, usos y costumbres. La interrogante es perfectamente legítima, ya que al mismo tiempo que nuestra especie ha demostrado una asombrosa capacidad para adaptarse a toda suerte de complejidades, está manifestando el costo de esa capacidad de adaptación, el cual se puede expresar en términos de nuevas enfermedades o empobrecimiento de su vida social y emocional.

Como signo de los tiempos está el hecho, un tanto humillante, que es esta primera época en la cual los menores pueden enseñarles cosas a los mayores, con la notable diferencia que éstos últimos son aprendices mediocres. Son los jóvenes los que parecen vivir en este mundo lleno de cambios como peces en el agua, pero puede ser que, sin sentirlo, estén conformando una nueva especie humana, otra forma de sapiens, un homo que por razones obvias no podrá tener un apellido en latín, pero que se hará cargo de lo que quede del planeta.

Los más viejos suelen sentirse tentados a compartir sus experiencias y dar, como dice irónicamente La Rochefoucauld, buenos consejos para consolarse de no poder dar malos ejemplos. Sin embargo, por sobre todos los cambios tienen que permanecer algunas indispensables reglas antiguas del juego, sin las cuales la sociedad se transforma en un congreso de alacranes, en una selva de la cual se supone ya habíamos salido.


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