Seamos serios

Fecha Publicación: 8/11/2015

La exclamación "seamos serios" ha sido utilizada como un recordatorio de una supuesta virtud nacional que tiende a diluirse, ser serio, responsable, cumplidor y honesto, opuesta a otras actitudes deseablemente ajenas al alma nacional, como la imprudencia, la superficialidad, la falta de respeto a la palabra empeñada, el desprecio por los compromisos.

Ser un país serio, como los míticos habitantes de antes, los ingleses de Sudamérica, separando soberbiamente aguas con otros países supuestamente menos serios, tropicales, bananeros, donde las autoridades son removidas, para sorpresa de los no iniciados, mientras otros administran sabiamente la maquinaria democrática para cambiar lo que haya que cambiar para eternizarse en sus puestos, junto a sus cúpulas de incondicionales.

Un país serio, con instituciones y leyes consagradas y estables, aunque siempre abiertas a las modificaciones y perfeccionamientos. Políticos serios, legisladores responsables e idóneos, una clase dirigente proba y ética, austera y republicana, opuesta a aquellas de las martingalas y los trepamientos a base de transacciones oscuras.

Seamos serios, una solicitud y un reproche, que pide reflexionar y cambiar el curso, restablecer las modalidades de funcionamiento del Estado que lo haga respetado y respetable.

Es parte de la seriedad, de la mesura, de la justa evaluación de las circunstancias, el tomar decisiones basadas en hechos concretos, emitir opinión basada en la información y el conocimiento, producto de un proceso de la inteligencia, más que resultado de una conmoción sentimental.

Una reflexión muy necesaria al evaluar los resultados de la última encuesta Cadem para saber de la posición de los chilenos frente a la perspectiva de cambiar la Constitución. Sobre todo porque la necesidad de cambiarla está en gran parte del colectivo nacional, un 77% de los encuestados señala que Chile necesita un cambio en su carta magna, más aún, con un alza en aquellos que asignan a esta iniciativa una muy alta o alta prioridad, con 10 puntos porcentuales más en una semana, para llegar a un 61%.

Hay en los encuestados tendencias bastantes claras, que no debe haber satisfecho a quienes son partidarios de las refundaciones, cambios estructurales y definitivos, ya que la mayoría estima que hay que cambiar en algunos aspectos la Constitución, en oposición a quienes piden modificarla por completo, una posición que ha bajado en preferencias en igual lapso. Igualmente cauta es la observación que la redacción de la nueva Constitución debería ser hecha por el Gobierno, el parlamento y expertos.

Los aspectos que merecen la recomendación de seriedad son aquellos de las expectativas, los encuestados esperan de la nueva Constitución la superación de los problemas del país, en educación, salud y seguridad, que el país sea más justo y menos desigual, que mejore la confianza en las instituciones, que resuelva la crisis política, que mejore la situación de las personas y las familias

Esas opiniones reflejan las esperanzas de la ciudadanía, o parte de ella, cómo el cambio de la carta fundamental podrá satisfacer tamañas aspiraciones, está fuera de la consulta, como si se pudiera mejorar la economía, las conductas y las injusticias con la mera y cuidadosa redacción de un instructivo. Sin embargo, habrá quienes utilicen esas esperanzas para traer agua a sus respectivos molinos, a sabiendas que no es tan simple como parece. Seamos serios.


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