Elevar el potencial científico de un país con bajo gasto en I + D

Fecha Publicación: 7/11/2015

Una de las características más irritantes del quehacer político es la casi infinita capacidad para postergar las decisiones que no producen un inmediato beneficio electoral, por necesarias que sean, por muy bien argumentadas que estén. Un proyecto de corto alcance, un arreglo marginal, tiene mucho más tonelaje en cuanto a desatar dinámicas ejecutivas, que un problema enorme que mantiene al país en condiciones desventajosas y con la inminente posibilidad de pérdida de posicionamiento.

Específicamente, en este caso se trata de la ya tradicional postergación de las políticas de desarrollo científico y tecnológico de Chile, pese a casi cotidianas manifestaciones de preocupación, ante un mundo altamente competitivo, donde nadie espera a nadie y a consecuencias de aquello, es extremadamente fácil quedar fuera de las autopistas del progreso, obligados a pagar los caprichos de quienes llevan la delantera y, más todavía, la inercia para mantener sus desarrollos en ritmo uniformemente acelerado.

El Ministerio de Economía publicó hace pocos días, con la protocolar muestra de preocupación propia de estas circunstancias, los resultados de la IV Encuesta de Gasto y Personal en I+D (Investigación y Desarrollo), la anciana novedad, que estos no son satisfactorios, con una conclusión que posiblemente requiera más de falta de pudor que de perspicacia; Chile invierte muy poco en investigación.

En una publicación de octubre del año pasado "Hacia una nueva arquitectura del sistema de educación superior", de varios autores, al comentar sobre los requerimientos desde el desarrollo de la ciencia y la tecnología, se expresa tibiamente que en Chile "el financiamiento de la ciencia y la investigación aún no es relevante en comparación con otros países desarrollados o en vías de desarrollo (es del orden del 1%)".

La verdad- difícilmente desconocida para los autores de ese libro- es que el país gastó en 2013 un total de $530.292 millones con ese propósito, un equivalente a un paupérrimo 0,39% del PIB. Ese nivel de inversión deja a Chile ubicado en la última posición de un ranking Ocde compuesto por 29 países y que está encabezado por Corea del Sur con una inversión del 4.36% del PIB. 

Para mejor visualizar el contexto, el segundo, tercer y cuarto lugar, lo ocupan Israel, Finlandia y Suecia, con gastos en I+D que van desde 3,4% a 3,91%. Los españoles dedican un 1,30% de su producto a estas actividades y Argentina el 0.73, sólo Chile y México están por debajo del 0,5. En otra vuelta de tuerca a los malos números; en distribución del gasto, la centralización es manifiesta, la Región Metropolitana concentró en 2013 el 56,2% del gasto en I+D seguida por la Región de Valparaíso con el 11,8% y la Región de Bío Bío con el 6,3%, regiones que concentran tres cuartos del total país.

No tiene nada de extraño que sea Chile el país de la Ocde que tiene menos científicos, menos de dos por cada mil habitantes, Israel tiene más de 20 en igual parámetro, lo que no quiere decir que no se tenga el potencial, es esa justamente la inconsistencia, tener el potencial y postergarlo, obligar a las mejores mentes a salir en busca de oportunidades, cada uno de los que no encuentran lugar en Chile, para formarse o para colaborar, cada uno de los que emigra, empobrece, e hipoteca el futuro del país, una ecuación simple que no logra ser comprendida, más allá de las declaraciones oxidadas de las buenas maneras, intolerables en una nación que quiere subir por la escalera.


  Imprimir noticia   Descargar versión PDF