Alto a la violencia

Fecha Publicación: 7/11/2015

En doctos ensayos e innúmeros simposios, se ha declarado que el siglo XXI tendrá como gran problema enfrentar la violencia; no es que seamos mansos corderos, con ocasionales malentendidos, sabemos que pertenecemos a una especie asesina, un mono que se ha ganado su lugar en el planeta no precisamente por su capacidad de negociación pacífica.

En épocas pasadas, el término violencia se entendía como actos tangibles de agresión y destrucción, encaminados a deteriorar, en la medida de lo posible, de modo definitivo, al oponente de turno, por las razones más curiosas, como parte del interminable juego de quién es más bruto.

En la actualidad, se comprende que la violencia tiene un ámbito muy restringido, nada de deseable, por lo tanto, la llamada gente de bien, si tiene ese perfil, recurre el abuso en otras formas, mediante manipulación de variables sociales o psicológicas, en el redescubri miento que la lengua es más fuerte que la espada, ya que para los hábiles o prepotentes es relativamente fácil agredir a otros más débiles en estas lides, o sencillamente menores en edad. 

Es imposible saber en realidad cuánta violencia se ejerce contra los menores, puesto que ellos no tienen la capacidad de denunciarla. Se ha comentado que el menor puede ser ignorado por ser menor, regañado por querer ser grande, reprimido por portarse como pequeño, es posible que sea humillado por sus maestros, rechazado por sus pares.

No importa cuán pocos niños experimenten la violencia en cualquiera de sus formas, aun así son demasiados.


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