Opinión pública al pizarrón

Fecha Publicación: 5/11/2015

Con diferentes nombres se consulta a la ciudadanía; es la expresión máxima de la democracia, aunque la consulta tenga condicionantes. Nunca es tan importante la opinión de los ciudadanos que cuando en el mundo político convencional no se consiguen los acuerdos que el gobierno de turno desea implantar, sobre todo cuando existe la convicción que en esa consulta es asunto de tirar la pelota al arco y abrazarse con los ojos llenos de lágrimas.

Se supone que la "demos", vox populi vox Dei, le dará la razón a quienes le consultan, a nadie le gusta hacer una encuesta de esa magnitud para que le obliguen a sepultar las ilusiones, por lo tanto, hay maniobras consagradas para salir victoriosos de ese sacramento democrático, como la maniobra atribuida a Mussolini, con la urna que dice "si" frente a un pasillo que lleva al parque y la urna que dice "no", con otro pasillo donde esperan, amenazantes, unos camiones con pintura de guerra.

La modernidad no soportaría tamaño despropósito, pero se puede hacer preguntas de sentido ambiguo, que inviten sutilmente a decir lo que se espera, la célebre pregunta con dos propuestas y una sola respuesta.

Por otra parte, la consulta ciudadana es más o menos crítica según la complejidad del tema, ya que hay preguntas no aptas para cualquiera, sin ser peyorativo, temas para los cuales hay que estar profundamente informado. Una consulta ciudadana que se dirija derechamente a la razón y lo menos posible a las vísceras.


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