Abandonar eufemismos a la hora de describir a los delincuentes

Fecha Publicación: 31/10/2015

No es demasiado tarde para renunciar a eufemismos, hay en todo este primer capítulo de un evidentemente largo texto por descubrir. Tanta basura junta que no es posible seguir con la cantinela de las suaves palabras para describir delitos cuando son cometidos por personas o instituciones prestigiadas o de alto posicionamiento político, económico. O más frecuentemente, ambos.

Es tiempo de dejar de describir este tipo de hechos como colusión, apropiación indebida, falsificación de instrumento público, asociación ilícita, apropiación indebida de fondos y otras melódicas. Casi elegantes expresiones, en comparación con viles asaltantes, escaperos y lanzas, correspondientes a delincuentes comunes, se supone diferentes y, se supone, harto más culpables que los económicos, dignamente vestidos, frecuentemente presentes en páginas sociales exclusivas.

Algunas estructuras políticas ya han salido prestamente al ruedo ante la asociación para entre las empresas Cmpc Tissue y SCA Chile, para pedir, como corresponde en estos casos, aplicar todo el peso de la ley para quienes resulten responsables, una frase que a estas alturas amerita su impresión en bronce.

Lo que corresponde es el respaldo de todo el aparato del Estado al Fiscal Económico, como una muestra unívoca que no hay ni santos tapados, ni tejado de cristal. Separar aguas, claramente, con la máxima velocidad que los justos procedimientos requieran, entre el Gobierno y estos asuntos turbios, entre la familia política y la familia empresarial, si fueran en realidad cosa diferente, para dejar aislados los auténticamente responsables de esta largo y productivo asalto a la ciudadanía chilena

La celeridad faltante en temas que se postergan por intranquilizadores desconocidos motivos, ha impedido que el proyecto de ley que además de fortalecer la labor de la Fiscalía Nacional Económica, permite aplicar penas de cárcel a quienes resulten responsables de delitos económicos que atenten contra la libre competencia. Una ley faltante indispensable, a falta de intrínseca ética, para mejorar la institucionalidad de nuestro país en materia de libre competencia.

Se vislumbra la danza de millones, las cifras sorprendes y casi inimaginables para el ciudadano común, el observar cómo se cruza, a modo de instrumentos, ofrecimientos, arreglos y compensaciones por millones de dólares, sin demasiado dramatismo, con la paz espiritual de quien no ve dificultad alguna en la pronta entrega tales sumas.

Este turbio episodio, aún en sus prolegómenos, en la fase de declaraciones, desmentidos y declaraciones de inocencia a toda prueba, ocurre en el peor de los escenarios, cuando la desconfianza se ha hecho parte del pensamiento colectivo nacional, cuando en muchos se ha perdido la fe, en las instituciones, en las empresas, en las personas. Cuando un grupo de empresarios se empeña en restituir confianzas y hacerse cargo de las responsabilidades empresariales en el progreso de la nación.

Además de los daños a las personas, transversalmente, por esta manipulación de los precios de artículos de primera y cotidiana necesidad, se daña el crecimiento, el empleo y la credibilidad del país, el Chile decente, el casi mito urbano de la diferencia con otras naciones que se pudieran presentar como menos límpidas que este país, con su tradición republicana y su sobriedad, y corrección como marca de identidad.

Inquieta saber qué nos falta por descubrir.


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