Quiméricas expectativas ante eventual cambio constitucional

Fecha Publicación: 29/10/2015

Por mucho que la especie humana haya progresado en la escala de racionalidad, por largos que hayan sido sus períodos formativos, siempre queda un amplio rincón para la magia, o a lo menos el pensamiento mágico, que se le parece, es como un remanente de la manera infantil de pensar, creer que la realidad se puede cambiar con la sola voluntad del pensamiento, esperar soluciones por el solo enunciado sólido y convencido de los argumentos.

Hay datos denominados duros, los que emergen de las estadísticas, de cuya dureza se puede tener resguardos, pero por lo pronto, ante la imposibilidad de algo mejor, algo indica. La última encuesta Cadem reveló que un 77% de los consultados estuvo de acuerdo con que Chile necesita una nueva Constitución, no solamente eso, sino que además el 61% considera este cambio es muy o bastante prioritario para el país, lo que representa un aumento de esa tendencia en 10 puntos más que la última semana.

Ligeramente mayoritaria es la opinión que este cambio consiste en hacer solo modificaciones (54%), con un más radical grupo (37%) que opina que hay que cambiarla por completo, casi en empate los que se inclinan por dejar su redacción al Congreso, Gobierno y los que desean que se haga cargo una Asamblea Constituyente.

Se ha decidido abrir una caja de Pandora, lo cual en este caso puede ser un proceso de sanación, dejar sobre la mesa todo lo que hay, sin medias tintas, transparentar a través del conocimiento que lo que existe en la actual Constitución, de que se trata realmente, si su enunciado deja claro que todos los ciudadanos son iguales, si no hay duda alguna que las oportunidades están allí para todos, que no hay enclaves para sectores de cualquier orden que vean en la carta fundamental un apertura que no existe para los demás.

Es un trabajo que requiere conocimiento cabal, comprensión y sobre todo compromiso sostenido. No se trata de escuchar relatos y votar al bulto en algunos instantes y retirarse con la satisfacción del deber cumplido. Tiene que existir un tiempo de enseñanza, un tiempo de reflexión, un plazo prudente para optar, con base en hechos objetivos, ajeno a los dictámenes o a los instintos, es este un ejercicio en el cual se pondrán en frente la razón y las vísceras.

Efectivamente, sin real razón plausible, un 69% de los consultados en la encuesta considera que la nueva Constitución permitirá superar los problemas que hoy tiene el país, un 68% que hará de Chile un país más justo y con menos desigualdades, un 63% que permitirá que Chile sea un país desarrollado, un 61% que mejorará la confianza en las instituciones, un 58% que permitirá resolver la crisis del sistema político, y un 57% que mejorará su calidad de vida y la de su familia.

Una mirada desapasionada a las cifras expuestas, permite concluir que aquí mucho de deseo, es verdad que la Constitución es una hoja de ruta que bien formulada se transforma en un instrumento para el mejoramiento de la sociedad que la adopta, pero los cambios van más allá e incorporan muchas otras variables imposibles de modificar solo con la fuerza de la letra escrita.

Las instituciones, los actores políticos, las figuras de autoridad, han estados sometidos a prueba y han salido de esos procesos de evaluación en condiciones insatisfactorias, los cambios que deben adoptar, la recuperación de la confianza y el respeto de la ciudadanía difícilmente podrían ser el producto de la mejor de las constituciones, a pesar que en el fondo de la caja de Pandora quede revoloteando la esperanza.


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