Sobre graffitis, rayados y vandalismo

Fecha Publicación: 26/10/2015

Durante décadas se ha discutido si al graffiti se le puede considerar un arte en sí mismo, o si más bien corresponde a una expresión de la marginalidad y exclusión a través del vandalismo. Ascepción, esta última, que también admite distingos, entre el mensaje gráfico con fuerte contenido ideológico, y los rayados "basura", que sólo responden a una expresión de destrucción per se. 

Sin entrar en disquisiciones teóricas (que las hay, y muchas), quedémonos con lo que nos dicta el sentido común: distingamos al artista del graffiti (que busca expresar un mensaje a través del arte), del vándalo cuyas rayas tienen como único fin el desprecio a la sociedad y al esfuerzo ajeno, aspirando inequívocamente a la destrucción física y moral de todo lo bueno y lo bello de una urbe.

En efecto, vándalo es el que pintarrajea, raya y estropea las paredes de las ciudades, pueblos, calles, señalética de carreteras y monumentos, y del cual no están libres ni los propios graffitis con aspiraciones artísticas. Este vandalismo obliga a usar dineros públicos y privados en limpiarlos, recursos que bien podrían emplearse para hermosear la ciudad o abrir espacios para el arte.

Lo que parece cada vez más evidente, es que estos rayados reducen la percepción de seguridad de los residentes. Denotan falta de control y autoridad, o peor aún, que ya se ha conquistado un territorio para una impune delincuencia. Algunas comunas han perdido el miedo y se están librando de los graffitis, no del arte, si este existiera, el cual debe tener su lugar donde corresponda.


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