El rol de las universidades de regiones para una real descentralización

Fecha Publicación: 25/10/2015

Es un hecho que la descentralización no saldrá como una iniciativa del centro político del país. Desde la capital sólo pueden esperarse transacciones no amenazantes al estado actual de las cosas: la larga tradición de tener siempre la última palabra, no importa si esta resulta errónea. En esta situación en particular, lo esperable es observar a mediano y largo plazo un reiterado ejercicio de mantener todo como está, solo que con denominadores más atractivos y relativamente engañosos, nueva y renovada versión de Gatopardo 2.0.

Son los actores regionales los que pueden romper con esta tendencia, es decir, la fuerza desde las regiones, no con el objetivo de deshacer el concepto de república unitaria, sino para enfatizar el concepto de república igualitaria, sin la intención de dañar a la capital metropolitana, sino para permitir el crecimiento potencial e indispensable de los diversos sectores del territorio nacional. En contrario de lo que a primera vista pudiera intuirse, el crecimiento de las regiones no amenaza el desarrollo de la capital, sino que le da mayores oportunidades de mejorar su calidad de vida, amenazada ahora por la migración interna y por el colapso de todos sus sistemas urbanos.

Un poderoso agente de esta dinámica podría ser el conjunto de universidades regionales, las cuales han comprendido con mayor razón que nadie que la descentralización y la regionalización son dinámicas que tienen como objeto detener un proceso de lesa patria, cuál es la distribución inequitativa de la inversión pública, y además, no menos grave, la centralización en la toma de decisiones que ha impedido el crecimiento armónico como nación, en una tendencia creciente, hasta llegar a la impresentable situación actual de una división virtual del país, en Santiago y el resto.

La muestra de avance insatisfactorio en revertir esta situación es apreciable al observar el producto de la comisión de Descentralización, que se resume en tres proyectos no terminados: elección de intendentes, traspaso de competencias y creación de la Región de Ñuble, son los mismos parlamentarios los que no terminan de sintonizar el discurso con la praxis.

Medios de cobertura nacional son extremadamente cautelosos al respecto, a pesar de políticamente correctas muestras de apoyo, ven complicaciones en un intendente que le haga más caso a su gente que a las directrices políticas del gobierno de turno, mala cosa la independencia cuando va asociada a la pérdida de control y de las ventajas de quien termina negociaciones exitosas.

Las universidades regionales, son por sí mismas interlocutores, no solamente válidos, sino indispensables y referenciales, basta con dar una mirada, por ejemplo, a la productividad de aquellas del G9, o las estatales locales, para entender que hay allí más que valiosas oportunidades de desarrollo y autonomía económica regional, una base fundacional para cambiar el modo como de construye y desarrolla la nación.

Efectivamente, en el documento Aportes de Red G9 al desarrollo de las regiones, puede extraerse iniciativas de todo orden, reservas marinas, procesamiento de madera, innovaciones a la vivienda, laboratorios de biotecnología, infraestructura turística, energías renovables, en un inventario numeroso y potente, hasta aquí de limitado impacto, por falta de política regional independiente y decidida. Hay una fuerte voz de las regiones que no ha sido todavía escuchada.


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