Pasos para garantizar el crecimiento armónico del territorio regional

Fecha Publicación: 11/8/2015

No es fácil llegar a acuerdo cuando se trata de distribuir recursos económicos, ni en pequeña ni en gran escala, aunque en esta última suele ser evidentemente peor. El último asunto polémico, que de paso no tiene nada de nuevo, es la aparente asimetría en el volumen de recursos asignado a las diversas comunas de la Región del Bío Bío.

No se trata de un asunto marginal, ha estado sobre la cabeza de las autoridades de la Región como una espada de Damocles, que aunque logre olvidarse por algún tiempo, debido a otros asuntos que atender, sigue allí frágilmente sujeta de un hilo delgado. En este caso el hilo es la historia larga de la repartición de dineros que no parecen dejar contentos a los que postulan, no cualquier postulante, sino a las cabezas visibles de las comunas, los alcaldes y sus equipos de trabajo, en la presentación de sus proyectos.

Hay que recordar que el propósito del Fondo Nacional de Desarrollo Regional (Fndr), es justamente fortalecer la capacidad de gestión de los gobiernos regionales en materias de inversión pública. Los proyectos que se concursan van en esa dirección, describir con la mayor claridad posible qué tipo de asuntos merecen el apoyo de este fondo, dada su importancia e impacto.

La importancia del proyecto para los que lo solicitan se da por descontada, sin embargo, hay otros factores en juego, el impacto que el proyecto representa para el desarrollo y el bienestar de las comunidades, el número de personas eventualmente beneficiadas y, por supuesto, la factibilidad de la idea, lo cual demanda un sólido apoyo técnico.

La percepción de injusticia, o inequidad en el desarrollo de este proceso, repercute inmediatamente en la credibilidad de las autoridades para garantizar un crecimiento justo y sostenible de los territorios de la Región, la duda si en realidad no se está replicando la situación a nivel nacional, al ser Chile el país más centralizado de América Latina y de la Ocde.

Mirado desde ese ángulo, la descentralización no es todo el problema, ya que se estaría produciendo un fenómeno parecido, sólo que en menor escala, problemas de un modelo históricamente centralizado: territorios rezagados de la Región por su lejanía respecto del centro, zonas ricas en recursos naturales cuyos beneficios no impactan la calidad de vida de esos sectores, que permanecen en su condición de lejanía y aislamiento, sin incentivos para el desarrollo.

Se replica el modelo insano de crecimiento asimétrico, ciudades grandes, por ejemplo Concepción, con el 50% de la población regional, con acelerado crecimiento demográfico y excesiva extensión, con congestión vial y contaminación ambiental en alza, en vez de buscar una distribución más homogénea en el territorio regional, con oportunidades similares de desarrollo.

Ante esa realidad, la solución más obvia parece ser la separación de los territorios, la independencia de los que se sienten menos favorecidos para asegurarse de una distribución más justa de los fondos. Una solución de engañadora facilidad, ya que sin corregir las causas, puede ser que la nueva región repita el mismo defecto.

La solución más bien podría ser el asegurar que las competencias para ejecutar los proyectos garanticen que estos compitan en igualdad de términos, que se establezcan los resguardos suficientes para que nadie se quede con la parte del león, ya que el principio que subyace en este esquema es el desarrollo armónico del país, la mejor distribución de su riqueza y oportunidades.


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