Ayudar, todas las veces que haga falta

Fecha Publicación: 11/8/2015
No es una figura retórica describir a los chilenos como hijos del rigor. Por lo general, no se termina de salir de una desgracia, para entrar en otra: incendios, terremotos, tsunamis, sequías e inundaciones. No parece faltar nada, acompañando un denso panorama político sobre el cual, a lo mejor, la dura realidad presente obliga a revisar más que severamente el orden de prioridades.

La naturaleza se suele encargar de ponernos en nuestro lugar, evidenciar que hay en la humana naturaleza enormes fragilidades, por lo tanto expone nuestras ínfulas de injustificable soberbia.

El país enfrentará el desafío reciente con posibles llamadas a la solidaridad, que para unos pocos representa una egoísta oportunidad de ocultar malos asuntos, y para muchos otros, aquella de poner a trabajar su voluntad de socorrer al que le hace falta ayuda.

En este último grupo hay lamentablemente infiltrados, los que quieren aparecer como si fueran sensibles y comprometidos, y en realidad están allí solo para la fotografía, o mejor todavía el par de segundos de fama en los canales nacionales de televisión.

Con base en las vergonzosas experiencias del pasado, vale la pena repetir que no se necesita, por parte de los damnificados, zapatos impares, o ropa rota. No hacen falta trajes de novia apolillados, ni disfraces de Halloween dados de baja, ni medicamentos vencidos. No es una parodia, ni una burla cruel y gratuita, ha sido una realidad que no debe repetirse. La compasión y solidaridad deben pasar por el debido respeto a la dignidad de nuestros compatriotas en problemas.

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