Cambios a la nueva Carta Magna

Fecha Publicación: 14/10/2015

En principio está bien, no es posible elevar buenos proyectos sin capital de riesgo; esta vez el proyecto es magno, se trata de cambiar la Constitución, tal vez no tanto por el texto como por el pecado original de su nacimiento, sin dejar de pensar en la posibilidad de hacerla más actual, o más justa, en relación más directa con la voz de los tiempos y del mismo modo sin traicionar sus bases fundamentales, que en medio de tropiezos y polémicas ha permitido a Chile surcar con éxito mares procelosos.

El asunto, sin embargo, tiene un pie frágil, la opinión pública, o, dicho en términos políticos, la opinión de las bases, sobre el tema en cuestión, ya que se supone que esta nueva Constitución tendrá la consagración de esa opinión, reflejando el sentir ciudadano, un aspecto crucial en esta propuesta.

Aparentemente ajeno a este asunto está el hecho de estudios de todo tipo describiendo la insatisfactoria situación de los chilenos en cuanto a competencias para entender lo que se lee, o seguir instrucciones de manuales de procedimiento, los llamados analfabetos funcionales, los cuales se supone tendrán que emitir opinión informada y razonada.

Si existe sobre el particular, aunque sea una leve sospecha, entonces es imperioso que estos actos creativos de la nueva Carta Magna sean precedidos de una vasta y horizontal campaña de educación, desde todos los sectores, en todos los ambientes, en los entornos laborales y con mayor razón en las instituciones educativas, para saber exactamente qué y por qué hay que cambiar la Constitución de la República de Chile.


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