Intereses de la Región y sus provincias, una tarea al debe

Fecha Publicación: 12/10/2015

Es muy posible que en su fuero interno los políticos de la cabecera del país, o del numeroso grupo de ellos que se ha plegado a la idea que todo lo que vale la pena se encuentra en Santiago, porque están allí tanto el dinero como las oportunidades. Bien puede ser que aquellos que no tienen la voluntad de reflexionar sobre el Chile a largo plazo, a dos o tres generaciones de distancia, estimen que es inútil nadar contra la corriente, adoptando el claudicante lema: si no puedes vencerlos, únete.

En otro supuesto, puede ser que para muchas altas autoridades de Estado, también para su propio círculo confidencial, esta actitud molesta de las regiones por levantar constantes e irritantes petitorios sea una clara muestra de contumacia, o sea la palabra que en latín define a los porfiados y rebeldes, a los que muestran la tenacidad y la dureza de persistir en un error.

Tal parece que las regiones han perdido la guerra y lo que les sucede es solo la natural consecuencia de esa derrota, vae victis, parece cierto, porque nuestros parlamentarios, en primer lugar, no levantan la voz, en perenne práctica de umbilicoscopia, preocupados por el siguiente pacto, por la conformación de la cuota, por la maniobra próxima, en su trabajo primordial de continuar haciéndo lo que hacen, no han expresado con voluntad claramente audible que las regiones no pueden seguir como están.

Hace más de un año un grupo transversal de senadores presentaron al entonces ministro de Hacienda, Alberto Arenas, propuestas tales como, generar impuestos a la renta a nivel municipal y regional, o crear tributos asociados a las potencialidades de cada localidad, una suerte de bancada por la descentralización, con un documento desconocido para la mayoría de los ciudadanos chilenos como "Un Nuevo Trato para Regiones", que incluye propuestas para promover en todas las regiones del país, los cambios culturales, políticos, administrativos, fiscales y tributarios que se requieren para permitir un real participación –en igualdad de trato-, en todo el territorio nacional.

En su momento la presidenta de la Cámara Alta, Isabel Allende, mencionó el trabajo que ha realizado en ese sentido la Comisión de Gobierno, Descentralización y Regionalización, insistiendo que resultaba esencial que la fórmula que se acuerde sea implementada dentro de esta administración, dada la urgencia de empoderar a las regiones mediante un financiamiento constante. Si suena repetido, es porque así efectivamente es.

Hay por acá puentes inconclusos, una manzana ruinosa a una cuadra del corazón de la ciudad, y cientos de proyectos a medias para el desarrollo de la Región, la expresión reiterada de la necesidad de líderes que sean capaces de parar las solicitudes lacrimógenas y recuperar la dignidad de hacer posibles las soluciones con recursos propios, basadas en la realidad local.

La ausencia de propuestas de nuestros representantes, ocupados en otras cosas, es notable, ¿Dónde están sus protestas indignadas en el parlamento frente a las graves carencias del terruño que los eligió para representarlos? Si ello no ha sido así, entonces se precisa transparencia positiva para demostrar que han estado ocupados en la región y no en sí mismos, para demostrarnos que las dilatadas situaciones pendientes siguen no siguen su curso natural, con resignada aceptación, sino que ellos están trabajando para encausar esas aguas por buen camino. 

Es de esperar que nuestros parlamentarios nos demuestren que los problemas son, más que nada, falta de comunicación. Y es de esperar también, que nos convenzan de que ellos no han adoptado la política del presidente Ramón Barros Luco frente a situaciones de parecida naturaleza: que sólo hay dos tipos de problemas, los que se resuelven solos y los que no tienen solución.


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