La Bella y la Bestia

Fecha Publicación: 15/4/2017

Este live-action se tropieza de vez en cuando en su baile de salón, pero es una coreografía con la gracia y el encanto de la animación original.
 

Esteban Andaur
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El clásico Disney de 1991 "La bella y la bestia" rompió esquemas con su animación colorida y reforzada con CGI, sus personajes complejos, pero accesibles, sus canciones inolvidables y una historia con un mensaje importante y profundo. Fue la primera película animada en ser nominada al Oscar de Mejor Película (perdió, dignamente, ante "El silencio de los inocentes") y ganó dos, a la Mejor Partitura Original y a la Mejor Canción Original por "Beauty and the Beast". Es uno de los mayores logros del estudio de Mickey Mouse.

Ahora, siguiendo con la incipiente tradición de convertir sus clásicos animados en largometrajes de live-action, Disney ha estrenado tal versión de "La bella y la bestia", llamada, eh, "La bella y la bestia".

Bella es una chica amante de la literatura, que vive con su padre inventor. Pero luego de que este último se extravía en un bosque, Bella lo busca hasta llegar a un castillo encantado en el que vive una Bestia y sus sirvientes, objetos vivientes. Estarán todos hechizados de por vida hasta que la Bestia conozca el amor verdadero, aquel que se encuentra en el interior y no en la apariencia física, y Bella puede ser la solución.

Este remake está bien, pero tiene bastantes problemas.

En primer lugar, está la actuación de Emma Watson como Bella. Todos la conocemos como Hermione Granger en los filmes de Harry Potter, y aquí tenía otra oportunidad de interpretar a un personaje lector, inteligente, feminista, muy parecido a ella misma. Sin embargo, la interpretación carece de la energía que tenía en la animación original; Watson no le imprime la pasión que necesita una mujer tan romántica como Bella, entregando sus diálogos de forma comedida, lo que resulta en una interpretación un tanto artificial a veces.

Y el otro problema con Watson es su canto. "La bella y la bestia" es un musical como la animación, preservando todas las canciones originales y agregando unas nuevas, cuando Watson no llega a las notas altas de las canciones. Ahora bien, estas fueron adaptadas a sus habilidades vocales, pero sus versos necesitan fuerza en lugar de una mera acomodación. Me acuerdo de que Marni Nixon, fallecida el año pasado, dobló las canciones de Natalie Wood en "Amor sin barreras" (1961) y las de Audrey Hepburn en "Mi bella dama" (1964), ya que eso se acostumbraba en Hollywood entonces. En dos de los más grandes (e inteligentes) musicales de todos los tiempos, nadie obligó a las actrices a cantar, pues necesitaban que las películas fueran de la mejor calidad posible y los estudios no estaban dispuestos a correr riesgos innecesarios. No importaba: las actuaciones en dichos filmes le pertenecían, y todavía les pertenecen, a Wood y Hepburn, respectivamente, porque eso es lo único que importa al final.

¿Recuerdas "Los miserables" (2012)? Oír a Russell Crowe cantar era como tener un serrucho en los oídos, sobre todo en un musical donde casi no hay diálogos hablados. Pudieron haberlo reemplazado por otro actor con una mejor voz o, simplemente, haberlo doblado como en los viejos días.

Supongo que en la actualidad, con tanta información colmando nuestra vida diaria, todos exigen de todos la máxima autenticidad, aunque esta no sea necesaria, y lo exigen en el arte también. Pero este enfoque daña a películas que son esencialmente artificiales, como los musicales. Y "La bella y la bestia" es una víctima de esta actitud equivocada. Ahora bien, Watson está muy lejos de Crowe en habilidades musicales, pero si no da el ancho en las canciones en esta película, no es su culpa; la culpa es de Disney por no saber manejar bien sus producciones.

Y las canciones que no estaban presentes en el filme del ’91 también son problemáticas. Hay un par de canciones que son cantadas por la Bestia; una habla de su pasado antes del hechizo y la otra de su amor por Bella. Pero su pasado no tiene ninguna trascendencia en la historia, puesto que, luego de saber esa información, no es utilizada en el relato, por lo que su impacto en la narración es nulo. Y no necesitamos de una canción que exprese su pesar por amar a Bella, extrañarla y temer vivir como bestia para siempre: ya lo sabemos, de eso se trata la película. O sea, las canciones ora son insustanciales, ora son redundantes y retrasan el ritmo del relato. Estos personajes deben ser arquetipos de lo que representan: la belleza, la arrogancia, cómo lo primero aplaca lo segundo; sus comportamientos no necesitan explicaciones psicológicas ingenuas.

Lo anterior da cuenta de lo perfecta que es la película original, si es que no te convences. Tiene la cantidad justa de canciones, y todas desarrolan la trama; y el diseño visual se mantiene novedoso y deslumbrante hasta hoy, y los personajes son, pues, arquetípicos.

Y los efectos especiales tambien son dudosos. El castillo de la Bestia no es ni magnífico ni intimidante como la bellísima creación gótica de la cinta animada; aquí es bastante más simplón. Encima, el estilo barroco no está bien utilizado, como uno lo puede ver en los objetos vivientes. El diseño de estos está tan colmado de pequeños detalles que resulta difícil distinguir bien sus rostros, consistentes en ojos y bocas muy pequeños. Si no fuera por el excelente reparto de actores en las voces de estos personajes, como Ewan McGregor, Ian McKellen y Emma Thompson como Lumière, Dindón y la Sra. Potts, respectivamente, no se me ocurre cómo podríamos acceder a ellos.

"La bella y la bestia" de 2017 funciona, ya que depende por completo de la animación en su contexto, estructura, música, estilo visual y moraleja; además de nuestros recuerdos de infancia y la cultura pop. Esto puede ser tanto un valor como una desventaja, pero dejaré que lo decidas tú. Con todo, la mejor actuación la entrega Dan Stevens como la Bestia, lo cual es esencial: la Bestia es el alma de la película animada y, por lo tanto, de esta también. Sus movimientos, actitud y, en especial, su voz, evocan a la caricatura, y eso es genial, porque si no creemos en su tormento interior y en su posterior evolución, y en su estatus como personaje pop, la película fracasaría por completo. Pero Stevens consigue con su arrojo, su convicción, que, pese a sus varias falencias, "La bella y la bestia" se mantenga como la fábula ancestral que es.

 


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