Hacia una reingeniería de la productividad en la Región del Bío Bío

Fecha Publicación: 9/10/2015

Se ha planteado, con claridad y crudeza, la situación productiva de Chile y en ese contexto la particular condición de la Región del Bío Bío. La oportunidad correspondió a un Seminario cuyo título permite obviar muchas descripciones; "La Región del Bío Bío ante la cuarta revolución tecnológica". La apertura de esta actividad estuvo a cargo de tres relevantes actores, involucrados en esta nueva propuesta, el rector de la Universidad de Concepción, el presidente de la Cámara de la Producción y del Comercio de Concepción y el director regional de Corfo Bío Bío. 

Se trata, ni más ni menos, que acometer las tareas necesarias para adaptarse al devenir de los acontecimientos en el mundo productivo o quedarse atrás, limitados a comprar los productos de quienes han logrado encontrar un lugar en el competitivo mundo de la industria manufacturera.

El rector Lavanchy, informa de la función en ese sentido del Centro para Manufactura Avanzada UdeC y de un proyecto interuniversitario, en avanzado desarrollo, de la enseñanza de la ingeniería, para elevar las competencias de estos profesionales del futuro a nivel internacional. Hernán Célis, quien realiza una síntesis del ascenso y caída de la industrialización regional desde los años 40 a la apertura de los mercados y la incapacidad de competir de muchas empresas que le habían dado riqueza a la región y al país y Juan Mardones, con énfasis en el mejoramiento en investigación y desarrollo con resguardos a las necesidades sociales.

Un experto internacional, comparte el concepto de Especialización Inteligente, una idea muy vieja, con un nuevo y tecnificado enfoque que resulta indispensable, sobre todo para Chile, con vulnerabilidades, ahora más aparentes que nunca, debido a pocos commodities o sea bienes de tipo genéricos, no diferenciados, materias primas o bienes primarios, en una limitada canasta de exportación. 

La especialización inteligente consiste en aprovechar los puntos fuertes a nivel regional, las ventajas competitivas con las que se podría contar y el potencial de excelencia regional, para lo cual se deben alinear las políticas económicas, con las de innovación, ciencia y tecnología. Hasta ahí basta con la claridad de los enunciados, pero diferente es pensar en las dificultades de cerrar las brechas con los eventuales competidores, cuando en los países de la Ocde el porcentaje del PIB que se destina a investigación y desarrollo es de 2.4 y en nuestro país se mantiene un escuálido 0.30.

Esta estrategia no solo debe tener como objetivo la excelencia científica regional, sino que también debe respaldar la innovación basada en la práctica e incluir la adopción y difusión del conocimiento, la innovación y el patentamiento, para lo cual se requiere un capital humano altamente capacitado, posiblemente a niveles impensables para la realidad actual, con competencias superiores de análisis y juicio ante un mundo tecnológico dinámico y de creciente complejidad.

Hay aún otro factor a considerar, más allá de las capacidades y competencias, es aquel de las relaciones humanas en el mundo laboral, la capacidad de agregación y asociatividad, para lo cual se requiere elevados estándares de confianza en los demás. En los países de la Ocde, la confianza personal alcanza un índice de 0.8, cercano al 1.0 de absoluta confianza, un valor muy por encima del 0.13 chileno, aun así, hay una urgente necesidad de encontrar la especialización regional y hacer inteligentemente lo que se debe para ponerla en el mercado.


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