Opinión: "Comparaciones… ¿Un absurdo?", por Nicole Carvallo

Nicole Carvallo C.
Economista/Ing. Comercial 
Universidad de Concepción 

La desaceleración económica de Chile en los últimos años no es novedad. Estamos “mal”. ¿Mal? ¿Con respecto a qué? Cada vez que se emiten juicios de valor lo hacemos en base a la comparación.

Económicamente hablando, la desaceleración es real, y la comparación lo reflejan la evidencia empírica y los datos que muestran cómo ha caído nuestro producto…con respecto a años anteriores.

Si nos comparamos con vecinos como Perú podemos decir que estamos “muy mal”. Si lo hacemos con Venezuela, que “no tenemos motivos para quejarnos”. Este ejemplo tan breve y simple nos muestra que para poder emitir una opinión la única evidencia que importa es la nuestra, porque dadas las características de nuestra economía tenemos un PIB de tendencia que es lo que indica que estamos muy por debajo de nuestro crecimiento potencial. 

Ahora, si miramos el caso de China, que también vive una marcada desaceleración, vemos que ellos crecen en torno al 6.5%...que para nosotros sería un sueño, sin embargo, el gigante asiático no bajaba su crecimiento de los dos dígitos. Nuevamente queda de manifiesto que su desaceleración o “mal período” es con respecto a SU propia historia y SU evidencia.

En efecto, Chile pasa por un mal momento económico, pasó la época dorada del cobre y esperemos que la huelga en Minera Escondida no cause estragos en el Imacec de febrero y marzo. Este índice fue alto en enero, pero no es gran novedad, pues la actividad económica en verano siempre aumenta. 

No podemos compararnos con China o Venezuela, principalmente porque tienen sistemas económicos absolutamente distintos y han aplicado otras políticas, otras reformas, una historia distinta. Sin ser reiterativa, las comparaciones sólo son útiles para análisis y no para “conformarnos o deprimirnos”.

De una mala comparación se pueden extraer conclusiones erradas de las que emergen conductas impulsivas que afectan las más importantes áreas de nuestra economía, y una actitud impulsiva en materia de inversión, consumo o formación de capital conlleva cambios tipo efecto dominó en todas las variables económicas, lo que finalmente se traspasa a los consumidores. Cuidado entonces con las “alarmas” externas que nos llevan a conclusiones no siempre óptimas.

No es absurdo contrastar realidades, pero sí lo es cuando lo hacemos sin mirar el escenario base y la historia de nuestro “objeto” de comparación.


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