La fe en las herramientas de la democracia

Fecha Publicación: 20/3/2017

Las declaraciones resultan en un evidente y deseable contraste con las declaraciones usualmente incoloras y descomprometidas de personeros del Gobierno ante he-chos reiteradamente violentos por parte de gente siempre anónima.
 


Hacía mucha falta un gesto de auténtico y sólido convencimiento del valor prístino de la democracia, que entre otras permite decir las cosas por su nombre. El intendente de la Región del Bío-Bío, Rodrigo Díaz, ha dejado clara su vocación democrática convencida al rechazar la invitación que le había extendido su par de la Región de La Araucanía para dialogar con la Coordinadora Arauco Malleco (CAM), una negativa que hace extensiva, en los propios términos del intendente, a "todos aquellos que creen que sus reivindicaciones van por el camino de la violencia".

Se requiere de un particular coraje, en tiempos de calculadora política, en la era de los relativos y de las declaraciones endebles y atraumáticas, para expresar sin evasivas una posición unívoca. Su explicación, al rechazar el diálogo, "sin condiciones", propuesto por el intendente José Miguel Hernández Saffirio, es suficientemente explícita; "si hay personas que plantean algún objetivo de carácter político o económico, pero lo hacen fuera del margen de la ley, agrediendo a otros y generando daño, se están poniendo solos fuera del diálogo democrático".

Sus declaraciones resultan en un evidente y deseable contraste con las declaraciones usualmente incoloras y descomprometidas de personeros del Gobierno frente a hechos reiteradamente violentos por parte de gente siempre anónima. Para los acontecimientos del futuro próximo, las consideraciones del intendente Díaz pueden ser orientadoras; "no creo que la violencia sea una herramienta legítima para trabajar en la vida política", una idea en la cual el ciudadano chileno común ha crecido, sobre todo cuando la educación cívica de las escuelas dejaba claro el combate de las ideas con la ideas, la política en ambiente de paz. En el derecho de los hombres a plantear discrepancias legítimas sin pretender imponerlas por medios violentos.

En otro aspecto de sus declaraciones resume el sentimiento de muchos connacionales, "frente a la violencia solo corresponde ejercer una acción de acuerdo a las herramientas que el ordenamiento democrático establece". En notable contraste con la actitud permisiva frente al vandalismo de las protestas callejeras o la inacción ante la destrucción de la propiedad privada con fines de amedrentamiento, a tal grado que es posible sugerir que por razones de corrección política se ha restringido la acción de las fuerzas del orden.

Para el intendente de nuestra región no parece haber temor de aplicar las herramientas que la democracia dispone para quienes alteran la paz pública, una situación que no es sorpresiva para el ciudadano común, que no logra entender los resguardos para imponer el orden, la tardía reacción para aplicar con justicia la fuerza cuando resulta indispensable.

No es, como intencionadamente se podría interpretar, una negativa al acercamiento de las partes, sino, justamente, establecer las condiciones para que este acercamiento tenga posibilidades de dar frutos creíbles. En términos de Díaz, el diálogo es para todas las personas que quieran hacerlo y quieran poner el bien común sobre la mesa. Para el común de la ciudadanía, las declaraciones, con sereno convencimiento, del intendente regional es una expresión de confianza en las posibilidades de la democracia para resolver conflictos y hacer de las leyes una andamio sobre el cual fortalecer el andar del país.
 


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