Al rescate del inigualable maíz amarillo de Coihueco

Fecha Publicación: 17/3/2017

Por más de medio siglo familias campesinas de la comuna han conservado un tesoro. Hoy, gracias a un proyecto impulsado desde la Confederación Nacional Campesina Ranquil y al financiamiento del Fondo de Innovación Agraria, se está fomentando su cultivo como símbolo de un patrimonio alimentario genuino de la Región del Bío Bío.
 

Ximena Perone
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Su sabor es incomparable. La mazorca fina y alargada parece volver a tomar el lugar que ocupó en las huertas de la comuna de Coihueco antes de que el maíz híbrido se masificara en los campos de la provincia de Ñuble y del país, no sólo como una "nueva buena semilla", sino como un producto sin historia y carente de identidad. 

Sin embargo, son muchas las familias campesinas que han continuado con la práctica natural de conservar y seleccionar las semillas para su siembra, como antaño. Gracias a esa importante acción, es que se ha podido conservar un simiente que reúne, según una investigación científica, características únicas y propias encontradas en sectores agrícolas de Coihueco.


Recuperar una tradición


"El mayor banco de semillas del mundo está en las familias campesinas y pueblos indígenas". Así lo piensa Osvaldo Zúñiga, campesino y presidente de la Confederación Campesina Ranquil, quien motivado por la preocupación de la escasez de semillas de maíz, tradicionalmente cultivadas en la comuna, impulsó un proyecto de rescate que encontró apoyo en el FIA del Ministerio de Agricultura. 

Esto permitió que en el primer año seis agricultores de diversas localidades iniciaran ensayos de cultivos de los granos de las mazorcas de maíz, que aguardaban colgadas en las vigas ahumadas y negras de las cocinas de campo. Fue así como tomó forma el "Rescate del Amarillo de Ñuble", considerada como una de las 23 variedades nativas existentes en Chile y que hasta ese momento (año 2015) parecía ser la conservada. 

Paralelamente, se vivía un movimiento mundial que buscaba defender las semillas como patrimonio de los campesinos. Diversas acciones en el país y en Latinoamérica sirvieron de motivación para tomar mayor conciencia del problema de pérdida de identidad que estaba sufriendo el campo chileno y ese fue el marco en el que este proyecto se afianza.

Para Osvaldo Zúñiga, la competencia económica también mermaba que cultivos como el Amarillo de Ñuble, el Camelia o el Ocho Corridas, se siguieran produciendo, porque prácticamente no podían competir con un maíz híbrido, supuestamente más rendidor, de mejor aspecto y de rápido crecimiento. "Muchas veces me dijeron, para qué sigue plantando ese maíz si nadie se lo va a comprar, pero mi visión personal como agricultor es que hay que conservar estas prácticas que nos diferencian finalmente en el mercado".


Los avances científicos


Mientras las semillas germinaban, crecían y se cosechaban los primeros ejemplares de este ensayo, también avanzaba la investigación genética a cargo de Erika Salazar, profesional del Instituto de Investigación Agrícola, Inia, en los laboratorios del centro regional La Platina en Santiago.

Se les enseñó a los campesinos a reinsertar sus antiguas prácticas, seleccionar los simientes que permitieran mejorar la planta, tanto en altura, en la mazorca y con la floración lo más sincronizada posible, además de la identificación de las variedades que tenían. 

"En el segundo año, ya se han notado las diferencias en la planta, partimos con seis agricultores y ya vamos en dieciocho personas motivadas. Ellos quieren que los demás valoren lo que está en su huerta, porque ellos ya lo han valorado por muchos años, por algo esta semilla no se ha perdido completamente. Ellos siguen cultivando esta semilla por que prefieren su sabor, su color y porque ha estado en sus cocinas desde siempre", recalca.

El proyecto FIA Rescate Amarillo de Ñuble cumplió su segundo año este 2017. Los avances han sido significativos, tanto en la selección como en la producción, pese que aún es considerada un ensayo por la superficie plantada. 

Lo interesante de las investigaciones realizadas por Inia a través de Erika Salazar, apunta a que no sólo se ha podido comprobar que efectivamente en la zona existe la raza Amarillo de Ñuble, una de las 23 existentes en el país, sino que además se está ante una variedad única y local, que bien podría llamarse Amarillo de Coihueco. "Para mí lo valioso de este proyecto es que nace de Osvaldo, un campesino, y él tiene la capacidad de transmitir la importancia de no perder su semilla y varios agricultores hacen eco de esa solicitud y deciden acompañar el proyecto". 

Esta iniciativa pretende recuperar la variedad porque está mezclada con otras, porque va mutando y eso es inevitable, "lo que queremos es que esa variedad que tiene muchas bondades de tipo nutricional y organolépticas, sea una buena planta para que tenga buen rendimiento y resulte una mazorca que comercialmente de sustentabilidad económica al grupo familiar", precisa.


Del campo a la cocina


Los campesinos están haciendo su trabajo y han logrado conservar este tesoro, pero no basta. Es necesario que la sociedad valore lo que tiene y que como región se pueda consumir un producto que no tiene comparación con el maíz híbrido que se comercializa en la mayoría de las ferias y supermercados. 

Es un trabajo que necesita mucha difusión pero también compromiso y consciencia alimentaria. En Concepción han nacido varios mercados con esa consciencia y también restaurantes de carácter patrimonial que vuelven a la receta de la abuela y a los ingredientes olvidados. 

En esta cadena de difusión y compra encontramos a Aldea Urbana, un mercado que acaba de abrir sus puertas y que apunta al consumo de productos limpios de agroquímicos. En la misma línea trabaja Color Local, una encantadora tienda que ofrece lo cultivado gracias a la agricultura familiar campesina. En plano gastronómico encontramos también el apoyo a esta iniciativa de La Fuente Penquista y el restaurante Flor de Calabaza. 

Para Claudia Nuñez, representante de FIA en la Región del Bío Bío esto es fundamental. "Hay que rescatar este producto patrimonial pero también darle un valor que permita ser competitivo en el mercado donde pueda ingresar, y como hoy todo apunta a la alimentación saludable, se abre una puerta para eso con estos apoyos". 


Semilla y simbolismos


El campesinado no puede desaparecer y esto también busca que los jóvenes encuentren en estas iniciativas, la oportunidad de trabajar en los lugares donde nacieron, "ellos son la base de la alimentación de Chile y el mundo, por lo tanto, debemos fomentarla para que ellos puedan desarrollarla de mejor forma", puntualizó.

Es así como renace el Amarillo de Coihueco, y quedó demostrado en la segunda muestra gastronómica organizada en la comuna y en la que se pudo degustar diversas preparaciones con este choclo particular. El colegio Yire se ha sumado a esta iniciativa en el cultivo. 

Para la agrónoma Carmen Rojo, fue interesante participar con sus alumnos elaborando por ejemplo, harina de este maíz y utilizarla de base para las preparaciones que pudieron degustar los asistentes a la exposición. "Esta es una instancia para educar a los niños y jóvenes. Muchos de ellos son hijos de campesinos y pueden transmitir nuestras enseñanzas a sus familias. La agricultura sustentable y la producción limpia de alimentos sin agroquímicos es fundamental".

Valorar lo propio y defenderlo. Una semilla cargada de simbolismo y de resistencia a tiempos en los que a ratos parece ser importante volver a los orígenes y al consumo de los alimentos que entregan identidad a un territorio, pero que además sanan, porque no sólo el ser humano es "lo que come", también es lo que su comida come, y el Amarillo de Coihueco, así lo demuestra, al igual que las demás razas que perduran a pesar de los años y la modernidad, en los siempre hermosos y coloridos campos del país.


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