El viejo dilema de ser o parecer

Fecha Publicación: 17/3/2017

Aunque la mona se vista de seda, mona queda; para evitar problemas de género, resulta también conveniente recordar que aunque los monos se vistan de estudiantes, siguen siendo los mismos ignorantes. Ambas sesudas sentencias sirven para recordar que las apariencias no bastan, por lo menos no por mucho rato.

A pesar de lo añejas de estas verdades y de la fuerte evidencia que no han perdido vigencia, con el paso de los siglos, los aires predominantes de escepticismo hacia lo antiguo, abren un amplio pasillo por el cual se deslizan nuevas propuestas, menos pesimistas, más amistosas, más livianas y menos exigentes. Es posible que la pinta importe más que lo que se nos ha tratado de inculcar, que no sea realmente necesario ser auténticamente lo que queremos ser, que baste ser un maestro en el encantador arte de aparentar.

Estamos en tiempo de transición, en vista de tanta desilusión, hay cada vez más gente buscando sinceridad, para empezar hay que sacar los eufemismos, verdaderos contaminantes de la comunicación y utilizar en cambio, aunque al principio sorprenda, aquellas palabras que deben ser reemplazadas por la forma más común, la más sincera, la más limpia; tener fiebre es tan decente como el aumento de temperatura corporal. Faltar a la verdad es tan feo como mentir. Apropiación indebida es sencillamente robo.

Es fácil anticipar que no es un asunto que se resuelva de la noche a la mañana, más de alguien se sentirá ofendido, pero al mismo tiempo ofrece la estupenda oportunidad de reflexionar sobre lo que vamos a decir, no vestir una idea nueva con ropa prestada, no vestir de blanco un asunto turbio, no disfrazar a los cuervos vistiéndolos de azucenas.


PROCOPIO


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