El poder de la ciudadanía en el desarrollo urbano

Fecha Publicación: 15/3/2017

Concepción, en particular, está experimentando un fenómeno que puede ser gravemente lesivo y que ha significado enormes planes de rescate en otras grandes urbes: el despoblamiento del centro.
 

Con todo, con sus problemas y ruidos, con sus sobresaltos e intranquilidades, la ciudad está viva. Los penquistas no cesan de expresar sus esperanzas por una ciudad mejor, no son testigos mudos y apartados, el solo hecho de las acaloradas críticas y el interés por lo que le ocurre al entorno citadino, deja de manifiesto que el destino de la capital regional no deja a nadie indiferente. Hay muchos desafíos, casi ninguno sin precedentes.

Se espera entre otras cosas la continuidad de la implementación de la Política Nacional de Desarrollo Urbano, creada en 2013, la cual define su centro de su atención en las personas y su calidad de vida. No solo respecto de la disponibilidad de bienes o condiciones objetivas, como pueden ser las áreas verdes, el transporte público o la contaminación atmosférica, sino también aspectos subjetivos, asociados a la dimensión humana, a valores, creencias y relaciones entre seres humanos. 

El presidente del Consejo Nacional de Desarrollo Urbano, Luis Eduardo Bresciani, sugiere tres propuestas de las cuales debieran hacerse cargo los candidatos presidenciales, dada la magnitud de su impacto; la primera tiene que ver con los altos niveles de desigualdad y segregación social, la segunda dice relación con el centralismo y con la escasa participación ciudadana en la toma de decisiones, mientras que la tercera es ausencia de la planificación integrada para enfrentar temas como el crecimiento urbano, el transporte y la vulnerabilidad ante los riesgos.

Para muchos otros, se trata además de enfrentar manifiestas desigualdades que se han agravado en los últimos tiempos, ya que la ciudad es una máquina de crecimiento que genera ganancias y plusvalías a partir de la valorización del territorio, sin que estas beneficien al conjunto de la sociedad. Ocurre de ese modo en Concepción, donde según el INE hay 9.775 viviendas más que en 2011, según los resultados cartográficos del PreCenso 2016, con la duda razonable si estas nuevas viviendas están insertas bajo una normativa armónica y de largo plazo para el perfil urbano.

Efectivamente, desde la academia se plantea que hace falta un debate ampliado y multisectorial sobre los desafíos a futuro de las ciudades, destacándose la planificación y visión urbana. Según los expertos es deseable promover el reconocimiento de las ciudades como unidades independientes e integrales. "Es necesario promover un nuevo marco legal para las ciudades, reconociéndolas como entidades que funcionan de manera integral, cambiando la actual dispersión de planes, programas e intervenciones por un ordenamiento al mando de una sola autoridad", según la propuesta de Antonia Lehman, Premio Nacional de Arquitectura.

Concepción, en particular, está experimentando un fenómeno que puede ser gravemente lesivo y que ha significado enormes planes de rescate en otras grandes urbes: el despoblamiento del centro, lo que se agravó con el terremoto y el incendio del mercado. Hay una tarea evidente y necesaria; revitalizar el corazón de la ciudad.

Es muy posible que los arquitectos regionales y las autoridades que corresponda, tengan sobre el particular ideas abundantes y factibles, pero es necesario socializarlas, transformar planos y maquetas en iniciativas poderosas y viables, conseguir el compromiso y el interés de la ciudadanía, que debe ser partícipe interesada y opinante de lo que ocurra con su ciudad.


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