Se busca gente honrada

Fecha Publicación: 13/3/2017

Cuándo fue que perdimos la honradez, o mejor dicho, cuándo fue que ser ladrón dejó de ser una condición vergonzosa, si se roba en cantidades exorbitantes y se logra cubrir las circunstancias con muy bien pagadas asesorías legales o lo que haga falta. Sin preocuparse por asuntos insignificantes como la honra, sin reparos o escrúpulos. Los versos son de Francisco de Quevedo, que escribe hace 400 años; "Madre, yo al oro me humillo, él es mi amante y mi amado, pues de puro enamorado, hace todo cuanto quiero. Poderoso caballero es don Dinero".

Con título parecido, Daniel Matamala ha escrito "Poderoso caballero, el peso del dinero en la política chilena". Para lo que estamos viviendo en la actualidad, el título ha quedado demasiado circunscrito, el peso del dinero se ejerce con ejemplarizadora eficiencia en todos los ámbitos, incluso en aquellos que están encargados de vigilar que nadie se lo lleve para la casa, sin que sea suyo.

Empieza a ser cotidiano, enterarse de nuevos y sorprendentes fenómenos como la impunidad de colusiones descubiertas y presumiblemente por descubrir, si alguien se tomara el trabajo de averiguar. Las ganancias de los bancos o la aprobación de algunas leyes exponen la tupida red de relaciones entre los intereses económicos y las decisiones políticas.

En nuestra colonial ingenuidad todavía hay quienes confían en la pinta de caballeros y damas, en su educación y procedencia, intachables a sola presentación, ha sido duro el proceso de enterarnos que hay que dar la mano y enseguida contarse los dedos como medida de indispensable precaución. Aun así hay que seguir esperando, que ser honesto vuelva a ser un valor social indispensable, aunque sea de puro cansancio.

PROCOPIO


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