Las dificultades de la transformación en ciudad fluvial

Fecha Publicación: 12/3/2017

La ciudad ha tenido desde su fundación sentimientos encontrados con el agua, desde su interminable relación ruinosa con terremotos y maremotos, que la obligaron a migrar en busca de terrenos más lejanos al mar, a su establecimiento en este valle, originalmente pantanoso y húmedo. No es de extrañar que ante la imposibilidad de luchar contra esas circunstancias los penquistas hayan tratado de alejarse del borde del río y sus cambios de caudal, la niebla de la ribera descrita como insalubre.

Sin embargo, con el paso del tiempo y el acumulado trabajo de desecación de terreno y eliminación de muchos humedales, la ciudad se atreve a mirar de nuevo el ancho caudal de agua que la ha situado geográficamente como la Perla del Bío Bío, a pesar de haberle dado la espalda por siglos.

En 1856 nació el primer plano que buscaba acercar a la ciudad con su patrimonio histórico-hidrográfico, proyectado por el Ingeniero Pascual Binimelis. Los planes no prosperaron y la llegada del ferrocarril, en 1894, siguió trasformando la fisonomía del área; trazada por el borde ribereño para fomentar el desarrollo de los asentamientos ubicados hacia el interior, la línea férrea hizo más difícil el vínculo entre la ciudad y su río, convirtiéndose en un rígido límite para la expansión de la ciudad formal.

La nueva iniciativa, ya de más de una década, consiste en buscar el modo de darle la cara al segundo río más largo de Chile. La idea es recuperar la ribera del río que fue ocupada por los últimos residentes de un parque industrial en desaparición. Por mucho tiempo, a solo seis cuadras del centro de la ciudad más importante y promisoria del sur del país, han existido, junto con residentes antiguos, viviendas precarias, con deficiencias urbanísticas y de saneamiento.

Los hitos arquitectónicos más notables se inician con la construcción del Barrio Cívico en torno a lo que fuera la estación de ferrocarriles, un edificio del año 1941, remodelado al haberse desmantelado la red de ferrocarriles del Estado, con largos períodos de latencia, paulatinamente, se construyó el Parque Ribera Norte, donde se levantó el memorial para recordar a las víctimas del terremoto de 2010, un sector donde en actualidad se construye el Teatro Regional del Bío Bío.

En el mismo proyecto se incluye el Parque Bicentenario, que al estar separado del edificio del Gobierno Regional por la vía férrea, pierde muchas posibilidades de conexión con la ciudad, haciendo evidente que el paso imperioso para los fines propuestos es el soterramiento de esta vía, una de las iniciativas más antiguas y tramitadas en este conjunto urbano. 

El desafío más cercano es el funcionamiento del Teatro Regional del Bío Bío, un edifico espectacular, con 1.500 butacas y 9.500 metros cuadrados de salas, la mayor obra no vial que se levanta en la Región. Con una altura equivalente a un edificio de seis pisos y una inversión de US$ 29 millones, que se espera terminar a finales del presente año.

Como testimonio de mala gestión, permanece sin terminar, después de cuatro años, el puente bicentenario, reiniciadas las obras una vez más, se espera que esté terminado el año próximo.

Así, con las dificultades propias de las grandes obras en las regiones, la ciudad de Concepción mantiene su intención de dar por fin la cara a su río, asomarse a lo que por siglos fue la frontera al sur y robustecer su presencia como urbe fundacional de la patria.


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