La comunicación impermeable

Fecha Publicación: 12/3/2017

Al momento de decir verdades, algunos padres tienen que confesar que no siempre pueden penetrar los dispositivos de defensa de sus hijos, sobre todo de los adolescentes, barreras levantadas ex profeso, para no ser invadidos por las presiones e intromisiones de los adultos.

Dilema complicado, ese de tratar de hablar con un joven y recibir monosílabos por respuesta, aunque hayamos hecho pregunta abiertas, aptas para comentarios amplios y sueltos, con cautela, diplomacia y despliegue de, por supuesto, incomprendida inteligencia. 

Vamos a suponer que se ha sido respetuoso, considerado, amable y criterioso, que no nos hemos dejado caer sobre este joven con la sutileza de un buey en una cristalería. Aun así es posible que no tengamos éxito. Vienen a nuestra memoria escenas de cine, donde el padre y su hijo adolescente caminan por un prado mientras mantienen un diálogo vibrante, visceral, auténtico, a ratos desgarrador, o hilarante, pero siempre rico y con un happy end, o no tan tremendamente happy, pero con algo para arreglar el naipe antes que se termine la película.

No es así como funciona la vida, es posible que para que la comunicación fluya sea preciso aprender a escuchar, con paciencia y sin galones, renunciar a ser el padre amigo y ser el padre- padre, que ya es bastante. Lo malo es que nos olvidamos que fuimos terneros y que hace falta un poco de tiempo, un poco de paciencia y mucho cariño sincero para dejar instalado un puente por donde pasen los sentimientos y las ideas, cada vez que haga falta, o sea siempre. Sea cual sea el esfuerzo, es uno que no puede dejar de hacerse. No están los tiempos en este mundo, confuso y tentador, para dejar a los jóvenes a su propio aire.


PROCOPIO


  Imprimir noticia   Descargar versión PDF