La salud nutricional de la mujer embarazada

Fecha Publicación: 11/3/2017

Desde la década del ‘60 se observó un paulatino descenso de la tasa de fecundidad en Chile, en otras palabras, una disminución progresiva de los hijos que tenían las mujeres fértiles. En la actualidad, la tasa de natalidad se ha mantenido estable en el país: alrededor de 250 mil niños nacen en el territorio cada año, 14 mil niños menos que hace dos décadas, con 264 mil nacidos vivos. 

Por otra parte, de modo inédito, los embarazos de mujeres mayores de 40 años van en alza. Además de estas cifras se ha producido una transformación importante en cuanto al perfil de las madres chilenas. Así como se redujo en 26% el número de adolescentes embarazadas en los últimos ocho años, según datos del Ministerio de Salud, también se redujo la tasa de natalidad en mujeres menores de 30 años.

La tendencia en aumento, con todas sus implicancias, es que son aquellas de entre 30 y 34 años las que están teniendo más hijos, seguidas por las de 35 a 39 años, de modo tal que solo en la primera década de este siglo, las chilenas que tuvieron a su primer hijo siendo mayores de 45 años, aumentaron un 24%.

Si bien es cierto las madres de edad más avanzada tienen un mayor riesgo relativo de tener un bebé con una anomalía cromosómica, como el síndrome de Down, investigación reciente observa que también existen ventajas indudables; según un estudio de la Universidad de Londres, los hijos de mujeres mayores de 40 tienen una mejor salud física y emocional debido a un mejor cuidado y atención que reciben, entre otros beneficios.

Sin embargo, independientemente de la edad, han cambiado para mal otros factores que han cambiado el perfil de la mujer embarazada y con impacto sobre el sistema de salud pública nacional, como la edad, el peso y el estado nutricional, investigaciones de la Facultad de Medicina de la U. Católica, muestran, según datos de 2013, que el 59,3% de las embarazadas tiene sobrepeso u obesidad (33% y 26,3%, respectivamente), en tanto que solo el 35% tiene un peso normal. 

Más peso no significa mejor alimentación, se ha demostrado que en embarazadas con sobrepeso hay una ingesta inadecuada de minerales, vitaminas, zinc y ácidos grasos omega 3. En cambio, hay una dieta con consumo de alimentos ultraprocesados y los azúcares, un factor que afecta al hijo por nacer, una suerte de marca genética; hay estudios que muestran que estos tienen mayor riesgo de obesidad, diabetes y otras patologías a partir de la adolescencia. 

Se ha solicitado reevaluar el cambio efectuado en 2004 por el Ministerio de Salud en el patrón utilizado para definir los índices de obesidad y bajo peso en embarazadas, ampliando el área de normalidad, lo cual ha dejado sin atención a madres que se habrían beneficiado de medidas para mejorar su nutrición.

Hay otro cambio, esta vez para bien, ha mejorado sustantivamente la preocupación de las madres gestantes por su salud y la de su hijo, la preocupación por una alimentación saludable, controlar el peso y disminuir el tabaquismo. Falta mucho, pero el tema está instalado, del mismo modo se aprecia el aumento de la lactancia materna, relacionado con el posnatal extendido de seis meses, una modalidad de alimentación que tiene valor preventivo frente a la obesidad infantil y de innegable beneficio para el desarrollo del niño.

Una buena tendencia que debe consolidarse por el bien de la generación de reemplazo y de nuestro futuro como país. 


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